Por Daniel Jara Fernández  |

El cuidado por el medio ambiente está provocando una revolución y un cambio en muchos aspectos de la sociedad. En cuanto a la contaminación, uno de los mayores causantes de los altos niveles de polución que repercute directamente en la conservación del planeta es el medio de transporte. La contaminación por combustión incide en la capa de ozono y tiene consecuencias directas como, entre otras, asma, cáncer de pulmón o de piel en los seres humanos; el efecto invernadero y la lluvia ácida en el medio ambiente. El mayor grupo de contaminantes del aire son los químicos, aunque también lo son en menor medida las partículas orgánicas e inorgánicas y los mecánicos. Del primer grupo, destacan el monóxido de carbono y el dióxido de carbono, el principal gas causante del efecto invernadero. Ambos gases provienen de la mala o parcial combustión de la gasolina, el gas natural, el carbón, el petróleo y la leña, la mayoría de los cuales se encuentra en la energía necesaria para que los medios de transporte puedan desempeñar su función.

Cada año se introducen en el nivel mundial cincuenta millones de vehículos automotores en el mercado y se estima que, en 15 años aproximadamente, el total roce los 1 000 millones en el mundo. Si tomamos en cuenta que la población mundial superó en noviembre de 2011 los 7 000 millones de habitantes, podemos hacernos una idea del crecimiento del parque automovilístico y sus dimensiones, sobre todo, en términos de contaminación. Este aumento sin precedentes ha tenido que llevar a establecer medidas, a investigar nuevos campos y buscar soluciones menos contaminantes. El resultado ha sido el controversial y polémico vehículo eléctrico, cuyo primer ejemplar de la época moderna (durante el siglo XIX se estuvieron fabricando modelos eléctricos que desaparecieron en 1930 relegando esta tecnología a aplicaciones industriales concretas) fue lanzado por General Motors en 1996, en California y en Arizona.

 

Si, pero no

En una primera impresión, un coche eléctrico, ecológico o de emisiones cero, parece una solución ideal y de gran ayuda al planeta para reducir la emisión de gases contaminantes. Pero la fiebre del petróleo sigue latente en las grandes empresas casi 200 años después de sus inicios y, además, el lanzamiento definitivo de este nuevo vehículo genera un gran escepticismo en torno de todos los niveles de la sociedad desde los ciudadanos hasta los gobiernos, pasando por los fabricantes.

Pero ¿qué tiene de malo un coche que no contamina, que es amigable con el medio ambiente y que no hace ruido al funcionar? Salvando excepcionalmente el silencio, no se pueden obtener muchas más ventajas de este invento casi revolucionario. Pero a la hora de investigar sobre estos vehículos, la información por todos los canales no deja nada en claro: se recogen opiniones y diversos puntos de vista, sobre todo, información confusa, contradictoria y, casi, enigmática.

La desaparición del mencionado General Motors EV1, cuya existencia duró tres años y produjo un total de 1 117 unidades que nunca llegaron a pertenecer a los clientes que los disponían en el periodo de alquiler, es un claro ejemplo de lo enigmático de este vehículo. Se barajan, sin dejar nada en claro, hipótesis que apuntan a distintos culpables. Además, curiosamente, forman parte del grupo de desventajas de los coches eléctricos que grandes marcas como Renault, Mitsubishi, Nissan, Peugeot o Citroën ya fabrican actualmente.

El talón de Aquiles de estos vehículos son, principalmente, las baterías junto con la autonomía y su precio. Existen numerosos tipos con componentes que confunden al consumidor sobre cuáles son las más sustentables o adecuadas. Las más comunes son las de litio-ion; sin embargo, se critican por ser consideradas peligrosas, ya que una sobrecarga puede provocar la explosión al estar fabricadas con materiales inflamables. A pesar de las recomendaciones de cambiarlas cada dos años y de que las explosiones ocurren en contadas ocasiones, el problema continúa existiendo.

Existen otras combinaciones como las de litio-azufre, que aumentan la autonomía entre tres y cinco veces debido a un voltaje mejor; en fase de pruebas se encuentran las de aluminio-aire, que contarían con una distancia de 1 600 km. En Brasil, están desarrollándose las de sodio, que son las más sustentables, pues se fabrican con materiales abundantes en la naturaleza y todos sus componentes son reciclables. Éste es otro de sus puntos débiles: la contaminación que producen al terminar su periodo de funcionamiento. Un factor determinante para que las baterías no fuesen contaminantes es, como veremos relacionado con la eficacia de estos vehículos, la generación de electricidad a partir de energías renovables, lo cual por el momento no es factible. Otro factor que atañe a las baterías de estos vehículos es el coste que deben asumir los consumidores, ya que se espera que para 2035 sea aproximadamente 15 000 dólares más caro que uno convencional, aunque el precio de las baterías haya bajado considerablemente desde 2006.

Otro punto polémico es el proceso de fabricación, tanto el de las baterías como el del coche en sí. A pesar de ser de emisiones cero durante su funcionamiento, todo el proceso de fabricación y recarga de baterías llega a superar con creces en niveles contaminantes a los coches de combustión. Las emisiones tóxicas durante la producción sobrepasan entre 180% y 290% respecto de los coches normales. Y sólo los elementos contenidos en las baterías generan casi la mitad de la contaminación que un coche eléctrico originará a lo largo de su vida.

 

El problema real

Por lo tanto, los escépticos planteamientos sobre la eficacia y necesidad de este revolucionario vehículo están más que justificados. Sobre todo, cuando se involucran los intereses de agentes como las compañías petroleras o países hegemónicos en materia del oro negro. El documental Who killed the electric car? respalda este hecho y sugiere que el coche eléctrico se ha convertido en una cuestión de conveniencia que engloba a muchos intermediarios. Muchos de ellos, sin dejar nada en claro, culpables de la desaparición del mencionado primer coche eléctrico (de General Motors) y dejando entrever que un vehículo que no necesita combustible para su funcionamiento es una gran amenaza para las petroleras y todos los agentes involucrados en el mercado del crudo.

Estos intereses nos llevan a un ámbito más complejo asociado a la insostenibilidad del sector transporte. De forma directa o indirecta, este grupo consume alrededor de 65% de la producción anual mundial de petróleo, por lo que deben barajarse opciones que mantengan a las petroleras dentro de este sector, dando lugar al híbrido eléctrico de gasolina, un “quiero y no puedo” de la sostenibilidad del automóvil, pero que sin duda fomentaría la progresiva inserción de las energías renovables en el sector transporte al cargar sus baterías mediante el enchufe.

La eficiencia de estos vehículos, ya sean eléctricos híbridos de gasolina, híbridos enchufables o eléctricos puros de batería está supeditada al tipo de energía que usan para su funcionamiento. Según análisis energéticos de estos tipos de vehículos, se ha demostrado que, en un coche convencional de combustión, sólo 25% de la gasolina introducida se convierte en energía mecánica; sin embargo, un vehículo eléctrico híbrido, con un motor eléctrico a combustión y baterías, únicamente aprovecha 5% más y puede llegar a 30% de utilización.

En cambio, el eléctrico híbrido enchufable y el eléctrico puro de batería aumentan su rendimiento más de 45% y 20%, respectivamente, en relación con el híbrido de batería, cuando la energía que se utiliza procede de fuentes renovables. Si el origen está basado en el gas y es una mezcla de generación eléctrica, la productividad respecto del híbrido de batería y al convencional es prácticamente imperceptible.

 

La solución está disponible en el futuro

Este recorrido por todos los elementos presentes en el innovador vehículo eléctrico nos llevan a una conclusión que engloba todos los factores que hemos presentado. No podemos estar seguros de que sea la solución para erradicar la contaminación por combustión en el planeta; sin embargo, suponen una gran ayuda que queda subordinada a los medios de fabricación y producción pero, sobre todo, a su eficiencia energética. Si vivimos en una era en la que todo va de prisa y buscamos la instantaneidad de las cosas, no podemos saltarnos un paso tan importante para la implantación de un vehículo tan significativo en el cuidado del medio ambiente. Ese escalón es la instauración de las energías renovables, idílica e idealmente, a 100%. A pesar de que en Europa sí se produce electricidad por medio de fuentes renovables, en otras partes del mundo se usan aún sistemas dañinos.

Quizá todavía sea muy pronto para apreciar la aportación de estos vehículos al sector transporte en términos ecológicos, pero podemos destacar que, a pesar de algunos de los procesos de producción, así sean altamente contaminantes, en un futuro contribuirán con gran probabilidad a la implantación de las energías renovables, lo cual constituye un factor concluyente para alcanzar la sostenibilidad ambiental en la Tierra.

Facebook Comments

Website Comments

Post a comment