Por Jesús Ayaquica|

 A la pluma del célebre ensayista y poeta Ralph Waldo Emerson, debemos una de las frases más inspiradoras en el terreno de la superación personal y la búsqueda del éxito económico para los emprendedores estadounidenses de los últimos 130 años:

 “Construya una mejor ratonera y el mundo se abrirá un camino hasta su puerta”.

Con el paso de las décadas, la interpretación popular que el mundo de los negocios le ha dado, ha convertido esta cita en todo un icono del valor de la creatividad, la inventiva, la innovación y la calidad en el trabajo.

Para diversos autores que se han valido de esta exhortación buscando motivar el desempeño y la excelencia de las personas que desean mejorar sus condiciones de vida, el sentido de la frase alude al hecho de que si alguien es constante en su esfuerzo, se prepara lo suficiente en el campo de su competencia y logra hacer algo realmente bien; el resto de la gente, sin ninguna duda, lo descubrirá sin importar el sitio en el que se encuentre.

 

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Incluso, puede señalarse que esta idea también se refleja en el núcleo del espíritu que anima el denominado sueño americano, tal como lo acuñó el historiador James Truslow Adams en su libro The Epic of America, en 1931. De acuerdo con el autor, este concepto va más allá de la esperanza de llegar a una tierra donde poseer bienes materiales y salarios elevados.

El sueño americano es, sobre todo, la aspiración a un nuevo orden social basado en el ideal de que, teniendo libertad e igualdad de oportunidades, todo hombre o mujer puede alcanzar sus objetivos más elevados en la vida sólo con su esfuerzo y determinación; y lograrlos exactamente a la misma altura que lo hacen quienes fueron bendecidos con las más grandes capacidades innatas. Así pues, según esta difundida doctrina, la prosperidad depende de la habilidad y del trabajo individual —también de la innovación y la creatividad, según la expresión de Emerson—, y no de circunstancias fortuitas como la herencia o la jerarquía social.

Es cierto que los expertos en marketing llaman la atención sobre el hecho de que un producto novedoso no es suficiente para un éxito comercial, sino que, además, en la actualidad hace falta toda una estrategia comercial para su posicionamiento en el mercado. No obstante, más allá de esta atinada indicación y del significado tradicional que hemos mencionado —que sigue inspirando a muchos individuos en su proceso de crecimiento interno y económico—, y que no tendríamos mucha oposición en aceptar la verdad que encierra en cuanto al valor de la constancia, quisiera resaltar en las líneas que siguen dos aspectos que implican anécdotas y datos históricos de sumo interés relacionados, por un lado, con el autor de la expresión; y por el otro, con el objeto al que alude.

En primer lugar, resulta evidente que el prestigio filosófico y literario de Ralph Waldo Emerson, considerado el personaje más importante de su época y padre del movimiento trascendentalista, contribuyó de manera formidable a la difusión y al aprecio superlativo de su consejo. No obstante, se trata en realidad de una cita atribuida de forma equivocada, según refiere Jack Hope en su artículo A better mousetrap (Una mejor ratonera) en 1996.

Según sus investigaciones, la primera mención a la frase se encuentra en Borrowings (1889) de Sarah Yule, una ferviente admiradora de Emerson, texto integrado por una colección de pensamientos inspiradores; ahí, refiere que en una ocasión lo escuchó en persona pronunciar una versión muy fácil de recordar de su famosa reflexión. Aquella vez, su admirado poeta expresó: “Si un hombre puede escribir un mejor libro, predicar un mejor sermón o hacer una mejor ratonera que su vecino, aunque construya su casa en un bosque, el mundo abrirá un camino hasta su puerta”.

Sin embargo, la lectura de la obra emersoniana ha llevado a Hope a la convicción de que no existe pasaje alguno en que pueda encontrarse la referencia, tal como es contada por la autora, por la simple y sencilla razón de que es materialmente imposible que Emerson pudiera haberla acuñado. El argumento que esgrime este escritor es por demás incontrovertible: nuestro personaje falleció en 1882 y la primera ratonera fue patentada en Estados Unidos por William Chauncey Hooker hasta 1894, de manera que la anécdota narrada por Yule, siete años después de la muerte de Emerson, es del todo imprecisa en este punto.

Lo que en realidad puede leerse en sus escritos es una entrada de su Diario (1855) que contiene la célebre cita: “Si un hombre tiene buen maíz o madera o tableros o cerdos para vender; o puede hacer mejores sillas o cuchillos o crisoles u órganos de iglesia que cualquier otro, encontrarás un ancho y firme camino a su casa aunque esté en medio del bosque”.

Por otra parte, pese a este anacronismo, aclarado 20 años atrás, merece la pena mencionar un dato, por demás admirable, que evidencia la enorme influencia que ha tenido el pensamiento de Emerson en las mentes creativas estadounidenses: el hecho de que, literalmente, millones de entusiastas seguidores de su filosofía y buscadores de grandes resultados económicos han tomado la invitación de construir una mejor ratonera tan al pie de la letra, que el artefacto en sí se ha convertido con el paso de los años en la máquina más inventada en toda la historia de Estados Unidos y en el símbolo de su espíritu emprendedor.

Según el propio Hope, desde 1894, fecha en que la oficina de patentes y marcas autorizó el primer registro de propiedad a Hooker, la instancia gubernamental ha otorgado más de 4 400 certificados del artefacto, destacando que cerca de 95% de ellos ha sido obtenido por aficionados o inventores de primera vez.

Por su parte, John Lienhard, del Colegio de Ingeniería de la Universidad de Houston, señala que en nuestros días, la oficina de patentes sigue recibiendo la visita de unas 400 personas cada año, que solicitan el registro de nuevas ratoneras y cerca de 40 logran obtenerlo en alguna de las más de 30 subclases que ya existen: la boca ratonera, la eléctrica, la de ratones vivos, la de pegamento, la de cubeta, la de entrada única, incluso la de modelos desechables, entre muchas otras.

 

 

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Estos datos resultan todavía más impresionantes y llamativos si se toma en cuenta que en realidad nadie ha logrado construir una mejor ratonera, de acuerdo con diversos expertos en la materia. Hasta ahora, el modelo tradicional, con barra de muelle, de más de un siglo de antigüedad, sigue probando su “perfección trascendental” y continúa siendo, por mucho, el que logra los resultados más satisfactorios. Incluso, algunas modalidades de las máquinas patentadas han dado lugar a serias críticas por lo desagradable que resultan los chillidos de los ratones, atrapados vivos por el pegamento, o por el olor que despiden al ser electrocutados. Así pues, cuestiones de estética y también de ética han representado poderosas razones al momento en que la gente tiene que decidir qué instrumento usar o no usar.

Paradójicamente, la arenga atribuida por error a Emerson, que prometía un largo desfile de compradores deseosos de adquirir las nuevas invenciones y apiñados a la puerta de sus creadores, ha resultado conducir a un camino estéril y muy poco lucrativo, pues no más de 20 de esas patentes han logrado en toda la historia apenas alguna ganancia económica, según la información de Lienhard.

Y pese a ello, es más que probable que en este mismo instante cientos de personas, en muchas ciudades de Estados Unidos, estén trabajando afanosamente en nuevas ideas, haciendo pruebas y elaborando proyectos originales que los lleven, por fin, a construir una mejor ratonera.

Con todo esto, vale la pena preguntarse si en realidad estos dispositivos encarnan la promesa de una vía rápida hacia la riqueza económica, o simplemente algunas personas encuentran cierta obscura fascinación en el hecho de matar ratones.

 

Para el lector interesado, algunas de las referencias consultadas:

http://docsetools.com/articulos-de-todos-los-temas/article_22720.html

http://www.uh.edu/engines/epi1163.htm#hope

http://www.americanheritage.com/content/better-mousetrap

http://www.theatlantic.com/technology/archive/2011/03/mousetraps-a-symbol-of-the-american-entrepreneurial-spirit/70573/