Por Alfredo Ruiz |

Resulta difícil entender completamente de qué hablamos cuando nos referimos a performance.  El término ha sido utilizado para hablar de las acciones o dramatizaciones realizadas mediante del cuerpo y sus movimientos, pero el performance es algo que va mucho más allá de esto.

 

El tipo de performance del que aquí hablaremos es el artístico, el arte vivo o arte acción que surge en los sesenta y setenta como una forma de ruptura con el arte académico. En un primer momento, aparece como una forma de alejar el arte de las instituciones que lo controlaban —museos, galerías—. El performance permitía que más gente pudiera acercarse a estos espacios alternativos del arte, como la calle misma. El espacio público podía servir de plataforma para que, en cualquier lugar y momento, se efectuará una acción donde el artista no necesitaba de nada más que  su cuerpo como herramienta y obra misma.

 

Entonces, el performance es, a su vez, un acto de implicación política, pues nace de la ruptura del arte con la sociedad de consumo y de su posición  elitista. Su posición ideológica lo coloca por encima de intereses comerciales o de distribución para efectuarse; el performance sucede, no es un objeto de consumo. Surge en un tiempo y lugar específico, pero casi no existe ningún registro fotográfico o de video de la acción misma; a veces sólo quedan palabras de las acciones que realiza un artista frente a un público.

 

Los libros de Rose Lee Goldberg son un referente importante en el tema del performance; ella señala como antecedente de estas acciones performáticas a las vanguardias artísticas — futuristas, dadaístas o surrealistas—, cuyo proceso de creación muchas veces superaba a la obra misma o al producto final de estas ideas. Lo cierto es que el performance ha cambiado la forma de consumir y entender el arte; sobre todo, porque no es un objeto que pueda permanecer y acumularse en museos, galerías o colecciones privadas, sino que es cuestión efímera que desaparece en el tiempo.

 

Esto hace del performance una práctica apasionante e ilimitada en cuanto a los recursos y materiales de la obra; no hay límite en el espacio. La obra “Salto al vacío”, del artista francés Yves Klein, es una muestra de ello; en 1960, al lanzarse al vacío desde una ventana para demostrar cómo interactúa el sujeto con el espacio, este artista comprobó que el artista no tenía límites espaciales. Como se aprecia, la obra es inmaterial y se disuelve en el espacio y tiempo, a pesar de registros fotográficos de la obra. La de Yves Klein es una de las propuestas más importantes y radicales de la historia, además de ser una inspiración para generaciones futuras.

 

Por su parte, John Cage es otro de los artistas más radicales interesados en subrayar la importancia de esa parte a la que pocos atendemos: el silencio. Provocador en toda su obra, este artista realizó obras como 4 33, de 1952, donde se propuso poner de relieve el sonido del entorno, a partir de la interpretación de una partitura en blanco, donde pasaba el tiempo sin ningún sonido emitido por el artista,  solo el sonido del lugar y del ambiente. Con esta obra, el artista fue una influencia importante de movimientos posteriores que hablaban del sonido.

 

Los artistas no se limitan en las formas de confrontar la sociedad y hablar de ella. Por ello, ponen a prueba su cuerpo y su mente interviniendo con el público. Las prácticas performativas han roto límites, e incluso han llevado a la muerte a varios artistas que han perdido la vida en el intento de creación artística. El dolor, el erotismo y las transformaciones del cuerpo son llevados a extremos inimaginables por parte de los artistas. Tal fue el caso de “La muerte misma”, de la artista serbia Marina Abramovic y Ulay: en 1997, protagonizó un performance, en el que unió su boca con la de su pareja para respirar el uno con el aire del otro; después de 17 minutos, los dos cayeron inconscientes debido a la ausencia de oxígeno y al grado de dióxido de carbono que se acumuló en sus pulmones. Esta obra pretendió demostrar cómo, a partir de sus relaciones, el ser humano puede absorber a otro, transformándolo y destruyéndolo, lo cual representó una crítica vigente en la obra de Abramovic.

 

Otra corriente del performance es el accionismo vienés —al cual pertenece Hermann Nitsch—, que pretendía llevar al artista y al público a un estado límite de catarsis donde pudiera comenzar a reflexionar acerca de sus límites. Sus obras impactan, inevitablemente, al espectador, pues recurren a la sangre, el excremento y otros elementos crueles y violentos.

 

En la actualidad, el performance es una de las prácticas artísticas más importantes en bienales, ferias de arte y museos que se preocupan por destinar una zona específica para este tipo de acciones y su análisis estético. También existen numerosas publicaciones y eventos, como Performa que tiene como único objetivo estudiar estas prácticas.

 

Entre los artistas más importantes del performance que pueden servir para entender mejor el tema, podemos citar a los siguientes:

  • Marina Abramovic
  • Joseph Beuys
  • Alexander Brener
  • Günther Brus
  • Jamie McMurray
  • Charlotte Moorman
  • Otto Muehl
  • Yoko Ono
  • Dennis Oppenheim
  • Nam June Paik