Por Fernanda López  |

¿Cuántas personas llevan comida u objetos en productos desechables que les evitan cargar molestos bultos durante todo el día? Somos más de los que suponemos. Envases de plástico con diferentes diseños, colores y figuras se han sobreproducido en los últimos años, por el intenso ritmo de vida y la nueva cultura de practicidad.

 

El mayor mito de los productos de plástico “desechables” es precisamente pensar que podemos deshacernos fácilmente de ellos. La realidad es que ningún organismo puede degradar este material que requiere 7% de la producción anual de petróleo, para la obtención de 260 millones de toneladas de plástico que consume el mundo anualmente. Eso significa que todo producto de plástico utilizado en nuestra vida continúa existiendo en el planeta. De esta magnitud es el problema al que la naturaleza se enfrenta debido a este estilo de vida.

 

¿Existe alguna forma de aprovechar el plástico? Un japonés, el inventor Akinori Ito, afirma haber encontrado un modo: una máquina que convierte el plástico en combustible. Transformar un producto que ya no sirve en otro cada día más buscado parece sin duda una gran idea. Con su arduo trabajo con la United Nations University, Ito, fundador y socio de la compañía Blest Corporation, ha sorprendido al mundo con este artefacto, innovador y sumamente sencillo de operar: tras introducirlo, el plástico se funde, se evapora y pasa a un condensador que lo convierte en agua y gasolina, diesel o keroseno. Así de sencillo: un litro de gasolina por un kilo de plástico.

 

La máquina se nos presenta junto con la idea de mejorar el medio ambiente, pero no podemos dejar de preguntarnos si en realidad será así de simple. Tal vez desaparezcan una o dos botellas de plástico en el mundo, pero muchas otras permanecerán, creando gigantescas islas en los océanos, con la consecuente muerte de millones de especies por los daños al ecosistema. Además, si tomamos en cuenta que 90% de las bolsas de plástico termina siendo depositado en los vertederos, el invento del japonés ya no resulta tan prometedor. De poco sirve la reconversión de unos cuantos objetos desechados, si a la par continúan muriendo grandes cantidades de seres vivos. Incluso es fácil imaginar cómo el alto grado de energía obtenida del plástico seguirá destruyendo la Tierra. Aunque la transformación de un material en otro es definitivamente aplaudible, el descubrimiento de Ito no resuelve de raíz el problema ni justifica nuestro consumo excesivo de productos tóxicos.

 

Y es que el plástico nos ha invadido, está por doquier; si decidiéramos deshacernos de él en este momento, incluso tal vez quedaríamos desnudos. Sin embargo, la población promedio desconoce el daño que causa este contaminante, no sólo al medio ambiente, sino a nuestra propia salud física. Y aunque no existe un plástico bueno, tenemos los malos y los peores. Por ejemplo, la botellas que contienen PVC, se convierten en dañinas para nuestro cuerpo tan pronto se abren, pues al destaparlas se rompe el vacío con el que se embotellan y comienzan a soltar sustancias tóxicas. Lo mismo ocurre si se exponen a altas temperaturas o excesiva luz. Por otra parte, a pesar de que almacenar alimentos en plástico resulta sumamente cómodo, el daño que representa es grande, pues los alimentos recogen parte de sus tóxicos y una vez que los ingerimos, afectan los órganos encargados de depurar: intestinos, pulmones, hígado, riñones, e incluso la piel sufren daños irreparables.

 

Es evidente, entonces, que debemos utilizar el plástico en nuestra vida diaria de una forma más razonada y buscar una solución efectiva al problema, como lo hacen hoy otros. Un claro ejemplo es Tailandia, cuyo gobierno, después de producir una cantidad impactante de bolsas plásticas, está actuando para resolver su situación mediante la campaña “Sin bolsa, sin bath”, emprendida en 2009; aunque duró sólo 45 días, arrojó exitosos resultados, primero al cobrar las bolsas plásticas y luego al ofrecer un descuento de 3 centavos de dólar, por cada compra de 3 dólares si llevaban bolsas de tela. Esta breve pero efectiva iniciativa logró la reducción de 4.4 millones de bolsas de plástico durante el tiempo que duró y continúa realizándose cada año.

 

Sin embargo, es evidente que imponer un pago por contaminar o pagar por no hacerlo no es la solución definitiva para tan preocupante situación. En cambio, generar conciencia y fortalecer la educación para que el producto se use moderadamente es lo único que podría cambiar la realidad del mundo. Otra vía para solucionar sería la elaboración de “plástico” a base de plantas; eso podría dar un giro interesante a la industria y al consumo.

 

Pero como aún hace falta mucho para alcanzar soluciones como ésas, tal vez podamos comenzar a cambiar lo aprendido a lo largo de los años y deshacernos de la adicción al plástico. ¿O alguien duda que sería mejor abandonar el hábito de utilizar sin medida algo que consume a nuestro planeta, nuestra salud día a día?

 

Tip para elegir un plástico menos dañino.

Para conocer qué tan dañino es el envase que estamos adquiriendo, en la parte de abajo puede apreciarse una escala numérica; los números van del 1 al 7, y el primero es el menos dañino. Si el producto carece de esta información, probablemente algo no esté marchando muy bien.

Plastico #1 – PET (Politereftalato de etileno)

Plastico #2 – HDPE (Polietileno de alta densidad)

Plastic #3 – V or PVC (Vinil)

Plastic #4 – LDPE (Polietileno de baja densidad)

Plastic #5 – PP (Polipropileno)

Plastic #6 – PS (Poliestireno)

Plastic #7 – Otros, miscelaneos

Evite los plásticos 3, 6 y 7. Mientras que el uno es considerado seguro, lo mejor es evitarlo.

Prefiera los que tengan el símbolo con los números 2, 4 y 5, que son plásticos considerados los más seguros. Son materiales que son usados para almacenar alimentos para humanos y animales.