Por Nallely Ramos |

 

En esta fregada vida se sufre harto, hermano,

 y aunque se aprende, lo resiente uno rete macizo a la larga,

 y por más que le hago para hacerme la fuerte,

 hay veces que quisiera aventar el arpa, ¡a lo machín!

Frida Kahlo

 

 

Una silla de ruedas, un caballete, pinceles, paleta, colores, un traje de tehuana que cubre un cuerpo cuarteado, “tirado a la desgracia”, unido por fajas ortopédicas; un montón de anillos de plata, un collar de jade verde y pesado, unas manos por aretes. Voluntad, sarcasmo y amor aferrados a la vida. Flores en la cabeza que se niegan a dejar ir esas dos trenzas que se elevan por la cabeza de Frida Kahlo para coronarla… ¿Reina del dolor, del sufrimiento, del drama, de las operaciones, de los abortos?… ¿Reina en el corazón de Diego Rivera?

 

Trozos de Kahlo

Frida Kahlo nació en Coyoacán el 6 de julio de 1907, aunque andaba por la vida diciendo que había nacido en 1910 junto con la Revolución Mexicana.

 

Era hija de Guillermo Kühlo (el fotógrafo modificó su apellido a Kahlo), quien a los 19 años se embarcó a Veracruz, donde su desarrollo como artista visual lo colocó entre los preferidos del entonces presidente de México, Porfirio Díaz. En 1898, Díaz le encargó retratar la casa Boker —hoy Edificio Boker—, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México y que en ese entonces representaba “un paso a la modernidad” de la capital.

 

Matilde Calderón González se convirtió en la segunda esposa de Guillermo (la primera murió dando a luz a la hermanastra de Frida, Margarita), con quien tuvo cinco hijos: Matilde, Adriana, Guillermo, Cristina y Frida. Esta última fue su consentida por tener en común el amor al arte y las enfermedades. Guillermo Kahlo sufría epilepsia, mientras que Frida, poliomielitis.

 

Pasó el tiempo, pasó la vida. Pasó que Frida se hizo de un novio, Alejandro Arias. Fue cuando tenía 18 años que se subieron al tranvía al salir de la prepa. El tranvía chocó y se deshizo, como Frida, en mil pedacitos: “algo extraño pasó, Frida estaba completamente desnuda, el choque le desató su ropa. Alguien del camión, probablemente un pintor, llevaba un paquete de oro en polvo que se rompió, cubriendo el cuerpo ensangrentado de Frida. Por el oro sobre su cuerpo rojo y sangriento, pensaban que era una bailarina” (Annette Seeman, La pasión de Frida Kahlo).

 

Su columna vertebral quedó fragmentada en tres partes, sufrió fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso púbico. La pierna derecha se fracturó en once partes, el pie derecho se dislocó, el hombro izquierdo se descoyuntó, sufrió cistitis por varios días, además de que uno de los  pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina rompiendo el labio izquierdo. Al respecto, Frida comentaba que habría sido ésta la forma brutal en la que había perdido su virginidad.

 

Quizá una diosa azteca

 En la introducción del Diario de Frida Kahlo, publicado por La Vaca Independiente, Carlos Fuentes nos narra cómo conoce (de lejos) a la pintora mexicana durante un concierto en el Palacio de Bellas Artes:

 

“Cuando Frida Kahlo entró a su palco en el teatro, todas las distracciones musicales, arquitectónicas y pictóricas quedaron abolidas. El rumor, estruendo y ritmo de las joyas portadas por Frida ahogaron a los de la orquesta, pero algo más que el mero sonido nos obligó a todos a mirar hacia arriba […] Era la entrada de una diosa azteca, quizá Coatlicue, la madre envuelta en faldas de serpientes, exhibiendo su propio cuerpo lacerado y sus manos ensangrentadas como otras mujeres exhiben sus broches. Quizá era Tlazoltéotl, la diosa tanto de la pureza como de la impureza, el buitre femenino que devora la inmundicia a fin de purificar al mundo. O quizá se trataba de la Dama de Elche, radicada en el suelo gracias a su pesado casco de piedra, sus arracadas tamaño rueda de molino, los pectorales que devoran sus senos, los anillos que transforman las manos en garras.  ¿Un árbol de navidad?”

 

Fue en 1937, cuando Frida apareció en la portada de Vogue Francia, pero ya desde antes era famosa por su manera de vestir, enalteciendo sus raíces mexicanas, rindiendo un homenaje a las indias de las distintas regiones de nuestro país y por qué no, de paso ocultando los defectos de la pierna derecha afectada por la poliomielitis.

 

Frida supo valorar el color y el arte plasmado en muchas de las piezas por manos mexicanas; tenía prendas provenientes de varias regiones, pero principalmente del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Utilizaba telas españolas de algodón y sedas francesas que ella misma modificaba sin perder el estilo indígena. Debido a ello, hoy en día podemos tener testimonio de la riqueza textil del país que, en algunos casos, ya se ha perdido.

 

A estos típicos vestidos tehuanos siempre les acompañaban listones de colores y flores en el cabello. Rebozos, joyería prehispánica de plata, oro o jade enmarcaban esas cejas tupidas, la sombra de bigote y los ojos penetrantes… ella misma como su propio lienzo.

 

No obstante, Frida también se dejó seducir por los trajes masculinos; era miembro activo de “las cachuchas”, grupo preparatoriano que agradecía su mote al hecho de portar petos y “cachuchas” (gorras). Gustaba de ponerse los trajes de su padre. Cuando se divorció de Diego Rivera, quiso acabar con todo lo que al Príncipe Sapo le gustaba, así que cortó su cabello, dejó las enaguas largas de colores y comenzó a vestir sacos y pantalones.

 

Sin duda, la ropa de Frida era algo más que una segunda piel. La historiadora Hayden Herrera asegura que “usó su ropa como una monja toma el velo”.

 

Candil de la calle, oscuridad de su casa

El orgullo con el que Frida portaba las mexicanísimas prendas la convirtió en una referencia mundial de moda desde que Toni Frissell la retrató para aquella emblemática portada de la biblia de la moda (Vogue). Grandes diseñadores han buscado retratar el dolor y la felicidad de Frida por medio de sus colecciones.

 

Una de las primeras diseñadoras en inspirarse en el estilo de Frida fue la italiana Elsa Shiaparelli, quien creó un vestido al que tituló “Robe Madame Rivera”.

 

La obra La columna rota inspiró a Jean Paul-Gaultier y a Christian Lacroix para rendirle homenaje en la pasarela con uno de sus vestidos de alta costura más icónicos.

 

 

En 2002, Kris Van Assche presentó una colección minimalista basada en telas como algodones ligeros, piqués y sedas tratando de retratar el sufrimiento de la artista de una manera “más ligera”, al recordarnos que ella también reía y gozaba de la vida.

 

La influencia de esta artista mexicana llegó hasta las pasarelas de Japón a ojos de Tao Kurihara (discípula de Rei Kawakubo), quien decidió pintar de rojo la emblemática ceja de la artista en las modelos que desfilaron en la pasarela, quizá en homenaje a los labios y uñas siempre rojas de la artista. Fueron modelos eclécticos, enigmáticos y audaces. Una visión por completo distinta de la pintora mexicana que incluía un toque de religiosidad envuelto en materiales como satín y encaje blanco.

 

 

Alexander McQueen, Alejandro Tisci para Givenchy, Antonio Marras, Raffaella Curiel, Sue Wang son otros artistas de la moda que han convertido la paleta de colores que Frida portaba a diario en fundamentos de sus obras más destacadas.

 

Es así como, en los últimos 75 años, la pintora ha inspirado infinidad de prendas, tanto de alta costura como de la más popular (¿quién no ha visto a Frida posar con un cigarro en la mano mostrando “su fanatismo” por Daft Punk?). También, la encontramos en la serie de tenis que la línea Converse lanzó en México. Bolsas de mandado, monederos, pareos, calcetas, playeras, muñecas, títeres, calendarios, separadores, peluches, y muchos otros objetos kitsch llevan hoy día el rostro de Frida o alguna de sus pinturas.

 

Frida Kahlo carece de estatuas, pero a cambio dispone de millones de nichos en la memoria.

Carlos Monsiváis

 

Hasta septiembre de este año, en La Casa Azul, en Coyoacán (Distrito Federal), se halla de manera temporal la exposición “Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo”, donde pueden apreciarse algunos de los modelos antes citados. Si quieres conocer más, ingresa a www.museofridakahlo.org.mx

 

 

Los números de Frida

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  • Fue la primera artista mexicana a quien el Museo del Louvre, en París, le compró una obra; se trata de su Autorretrato y lo adquirieron en 1939.
  • En 1955, la coleccionista Dolores Olmedo compró 27 obras de Frida (cuando no era muy conocida). En la actualidad, la Colección Frida Kahlo del Museo Dolores Olmedo es una de las más sobresalientes del mundo.
  • La casa Sotheby’s fue la responsable de vender su obra Raíces en mayo de 2006, por la increíble cifra de 5 millones 616 mil dólares, con lo que alcanzó el récord de la obra más costosa vendida en subasta de una artista del continente americano.
  • En 2001, la cantante Madonna prestó la obra Autorretrato con changuito, que había adquirido por un millón de dólares para que se exhibiera en una exposición del Tate Modern Art Museum de Londres.
  • Fue en 2007 cuando se realizó su exposición más grande: con motivo del centenario de su nacimiento, se expusieron más de 350 obras de la artista en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
  • En 2005, la exposición “Frida”, de la Fundación Caixa Galicia en Santiago de Compostela, España, rompió el récord de asistencia a esa institución al recibir a más de 100 mil visitantes.

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(Fuente: Algarabía, núm. 115.)

 

Frida Kahlo murió en su casa de Coyoacán el 13 de julio de 1954. No hubo autopsia. El día después de su muerte, la gente cuenta que, ya en el crematorio, un golpe de calor que venía de las puertas abiertas del incinerador, causó que su cuerpo se sentara: su pelo, ahora en llamas, resplandecía alrededor de su cabeza como un halo. Los labios de Frida parecieron esbozar una seductora sonrisa mientras las puertas se cerraban.

 

“Espero alegre la salida y espero no volver jamás – Frida” fue lo último que escribió en su diario.

 

Diego Rivera expresó alguna vez: “es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales que conciernen únicamente a la mujer.”

 

Fuentes:

Algarabía

Diario de Frida Kahlo, La Vaca Independiente

Museo Frida Kahlo

Vogue