Por Gabriel Perea Guzmán |

El hombre que bajó de la montaña con una sola pierna y al que agradecemos los retratos más intimistas del cerebro humano, hechos con palabras y una mente resplandeciente, falleció el domingo 30 de agosto de 2015.

Nacido en 1933, el neurólogo londinense Oliver Sacks realizó sus estudios de medicina en Inglaterra y consolidó su carrera en Nueva York. Fue autor de varios libros que relatan sus experiencias en la clínica; entre ellos, se cuentan El hombre que confundió a su esposa con un sombrero, La isla de los ciegos al color, Un antropólogo en Marte y, tal vez el más conocido, Despertares, obra llevada al cine.

No pretendo escribir un in memoriam ni ponderar los méritos del profesor Sacks, pues se bastan por sí mismos. Pero sí quiero referirme a una de las críticas más frecuentes de sus detractores: la falta de rigor científico de sus escritos y la divulgación de las patologías de los pacientes en medios no académicos.

Antes de ser publicadas, todas las investigaciones se someten a un proceso riguroso de edición en el que se omite o se cambia la información sensible para proteger la confidencialidad de los pacientes en referencia. No obstante, la obra de Sacks no se propuso desplegar un registro pormenorizado de historias clínicas, por lo cual, situado en su época, debe entenderse como un esfuerzo por arrojar luz a cuadros clínicos poco conocidos por el público general y escasamente comprendidos por los profesionales de la salud mental.

Cualquier neurólogo, neuropsicólogo o biólogo que realice trabajos académicos acude a las bases especializadas para consultar las fuentes científicas. Por ello, si se necesitan referencias para elaborar una tesis doctoral, se consulta Pubmed. Pero si lo que se desea es adentrarse en el mundo de la patología neurológica y en las innumerables situaciones de la relación clínico-paciente, entonces se busca a alguien con vocación de narrador.

La producción literaria de Sacks cubre ambas facetas, pues en algunos de sus escritos autobiográficos relata su contacto con la incertidumbre y el caos asociado a la patología neurológica, así como sus experiencias del quehacer clínico, con todos sus fracasos y éxitos. No es fácil encontrar estas características en un solo autor y tal vez eso se deba a que se requiere inteligencia y honestidad para escribir como lo hace este neurólogo.

 

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Sin embargo, seguramente muchos pacientes han conocido clínicos que son fuente de conocimiento y que, sin embargo, no han logrado publicar sus investigaciones. Las ideas, las frustraciones y las alegrías que ocurren dentro de un consultorio son casi desconocidas, pues pocos son sus narradores.

Libro Oliver Sacks

Consciente de ello, en su autobiografía, De mi propia vida, Sacks reconoce: “el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores”.