Por Fernanda López Campos  |

 

Desarraigarse de las formas de vida impuestas por la sociedad puede sonar atractivo y como algo necesario para muchos. La vida sin tecnología ha vuelto del pasado para intentar quedarse en el presente con tendencias que se expanden cada día más alrededor del mundo. Tal es el caso de la familia Mason, en Inglaterra, quienes decidieron vivir off the grid, es decir, fuera del sistema.

 

El término off the grid se emplea para referirse a gente que ha optado por alejarse del contaminado estilo de vida al que se enfrenta la sociedad, donde el capitalismo se ha encargado de manejar nuestra vida, de elegir los productos que necesitaremos, lo que nos gustará comer, vestir e incluso, en muchos casos, hasta la educación que recibirán nuestros hijos. Un número considerable de personas cansadas del modus vivendi de la actualidad, se pregunta  sobre por qué seguir consumiendo energía generada a costa del bienestar del planeta o por qué continuar destinando a los funcionarios públicos una gran parte de su salario. Pues bien, vivir off the grid ofrece justamente dejar de depender de terceros, ya que elimina las “necesidades” innecesarias; con esta forma de vida uno mismo se ocupa de abastecerse de lo que el mercado vende — llenando las carteras de unos cuantos— y, lo más grave, genera contaminación, estrés e incluso contribuye a la corrupción.

 

La familia Mason, de origen británico, está conformada por una pareja y dos pequeños. En 2011, decidió vivir fuera del contexto social del siglo XXI, y se refugió en 400 m2 de tierra fértil en la que cultiva frutas y verduras; cuenta, además, con materiales suficientemente ecológicos y resistentes para mantener una vivienda motorizada ecoamigable. Con esta decisión, han dado la bienvenida a una nueva y más saludable vida, en la que acompañan su comida vegetal con huevos orgánicos y proveen recursos al pueblo vecino llamado Willand.

 

La pregunta que surge es si esta familia podrá mantenerse por siempre de este modo. Y no nos referimos a su alimentación, al mantenimiento de su casa móvil o a los climas extremos a los que pueden enfrentarse; la duda se inclina más hacia el área gubernamental, que se propuso reincorporar a los Mason a la sociedad “a como dé lugar”, lo cual es relativamente sencillo, pues no tener un proyecto de negocios sólido y vivir en una tierra designada sólo para la agricultura son razones suficientes para negar a esta familia continuar su estilo de vida y para forzarlos a volver a la sociedad; es decir, podrían ser desalojados e incluso enfrentar medidas más extremas como ir a la cárcel.  Sin duda, se trata de un acto injusto que ha generado muchas opiniones en favor de los ecohabitantes y en contra del Estado; pero si nos detenemos un poco a analizar el tema de la autosustentabilidad en ese nivel, surge una nueva pregunta: ¿cuánto afecta este hecho a la economía de los países?

 

Es cierto que volverse independiente, cosechar alimentos propios y vestir ropa confeccionada por uno mismo, es optar por un estilo de vida menos viciado, con comida más “saludable” y sin tanta hormona dañina. Sin embargo, es difícil dejar de pensar en qué pasaría si todos decidiéramos hacer lo mismo. ¿De dónde saldrían los recursos para la construcción de hospitales, escuelas y otros proyectos oficiales que cubren las necesidades básicas de un gran porcentaje de la población? Desde el punto de vista económico, cualquier parte del mundo sufriría graves consecuencias, pues nuestros impuestos y nuestra mano de obra es justo lo que mantiene en pie a nuestros países; si dejáramos de necesitar del otro, entonces la producción quedaría estancada sin opción alguna. Así que vivir ligero en esta época resulta una buena idea, pero hay que establecer los límites y conocer las consecuencias que esto puede generar.

 

Pero si te interesa conocer más acerca de esta forma de vida para alejarte aunque sea un poco de la fuerte dependencia que ahora nos gobierna, puedes echar un ojo a una experiencia  ecológica que puede acercarnos a la vida fuera del sistema de excesivo consumo. Se trata del Bosque Village ubicado en Michoacán, que pone a tu alcance la ecoexperiencia en una mezcla de campamento, retiro ecológico, granja de permacultura y comunidad intencional en crecimiento —como mencionan en su página Web Bosque Village—. En este sitio, reconocido a nivel internacional, sus ecovisitantes pueden conocer la vida autosustentable: el sistema de recolección de agua, la calefacción, las cocina solares, entre muchas otras cosas con las que se sostiene este increíble lugar. La experiencia culinaria también es digna de observarse, pues la obesidad, la diabetes y los malos hábitos alimenticios son factores que la vida off the grid desea eliminar, así que madrugar para recolectar un desayuno otorgado por el bosque es fundamental y una manera poco común y divertida de obtener una dieta balanceada.

 

“Todo exceso es malo”, así que tomemos lo bueno de vivir fuera de la red; tratemos de disminuir la constante contaminación y manipulación a la que inevitablemente nos enfrentamos todos los días, pero cuidemos no llegar a extremos que afecten a quienes nos rodean.