Por  Iswara Muñoz  |

[quote style=”boxed”]Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. | Mahatma Gandhi[/quote]

 

Recientemente fuimos informados de que las actividades recreativas de un personaje de televisión incluían la caza de animales salvajes. Por supuesto, los comentarios en las redes sociales no se hicieron esperar, además de las opiniones de distintos directivos de asociaciones en favor de la protección animal. Existen todavía comentarios de todo tipo, sobre todo, abundan los agresivos y de mucho desprecio, que tachan a la actriz de inconsciente y cruel.

 

A todo esto, surge la pregunta ¿no es acaso también crueldad e inconsciencia lo que sucede en los rastros o mataderos y en las granjas? La respuesta es muy evidente, y no tiene oportunidad de objeción.

 

Yendo un poco al pasado, y citando la teoría de la evolución, nuestros antepasados, los monos, vivían en los árboles y se alimentaban de sus frutos. Eran sedentarios y eso no les ocasionaba problemas de sobrepeso u obesidad. Los tiempos cambiaron con el clima y debido a las sequías tuvieron necesidad de emigrar en busca de alimento, lo que hacía que pasaran largos periodos sin comer. El cuerpo de los monos sufrió las transformaciones necesarias para crear tejido que acumulara energía, pues sólo Dios sabía cuándo volverían a comer.

 

Al bajar de los árboles para conseguir comida, se iniciaron como cazadores. De no haber ocurrido así, no existiríamos los “humanos” de hoy. Como bien lo plantea la teoría de la evolución, la necesidad de consumir carne fue motivada por la supervivencia. Hoy en día está por demás señalar que nuestras condiciones de vida no se asemejan ni en un mínimo al pasado. Nuestro nivel de consumismo es tal que el sufrimiento animal forma parte de la gran tragedia que es la falta de compasión y conciencia.

 

Según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, el consumo de proteína para un adulto sano es de 0.8 gramos por kilogramo de peso. Esto quiere decir que si una persona pesa 60 kilogramos su consumo diario de proteína debe ser de 48 gramos. De éstos, la oms recomienda una proporción de sólo 25% de proteína animal y un 75% de proteína vegetal en nuestra dieta.

 

Hagamos un ejemplo: un sujeto sano de 60 kilogramos requiere 48 gramos de proteína, 25 gramos de fibra aproximadamente y no rebasar los 300 miligramos de colesterol. Tomando en cuenta lo anterior, si analizamos lo que contiene un filete de ternera de 100 gramos encontramos 32.59 gramos de proteína, cero gramos de fibra y 104 gramos de colesterol.

 

Pero ¿quién ingiere sólo 100 gramos de carne al día? Podemos encontrar que el requerimiento de proteína diaria está casi cubierta por esa cantidad, sin contar la que pudiera ser consumida en cereales o leguminosas u otros vegetales.

 

La carne no contiene fibra, la cual es necesaria para desechar los nutrimentos consumidos en exceso, prevenir algunos tipos de cáncer y regular los niveles de colesterol y glucosa en la sangre.

En el caso del colesterol, se encuentra en abundancia en los alimentos de origen animal. Si sólo comiéramos esos 100 gramos de carne todo estaría perfecto; el colesterol entre menos se consuma, mejor. Pero como también existe en los lácteos, huevo y en otros tipos de carnes que se consumen en abundancia, siempre se correrá el riesgo de elevarlo en los no vegetarianos.

 

Efectos del exceso de proteína

Cuando hay exceso de proteínas, el cuerpo no tiene la opción de almacenarlas como ocurre con la grasa. El metabolismo de las proteínas consiste en oxidar los aminoácidos de los que están compuestas. Dicha oxidación da como resultado amonio, el cual es tóxico pues altera el pH, pues acidifica el cuerpo, lo que afecta funciones neuronales, respiratorias y cardiovasculares. Enseguida, el hígado transforma el amonio en urea para disminuir su toxicidad pero la urea también debe ser eliminada, esta eliminación está a cargo de los riñones quienes tienen que retener líquidos para poder eliminar estos residuos por la orina trayendo como consecuencia deshidratación.

 

También, para compensar la acidez obtenida por el amonio, el fosfato calcico neutraliza el efecto ácido. El fosfato calcico se obtiene de los huesos con lo que se incrementa el riesgo de osteoporosis y fracturas. El consumo adecuado de legumbres, cereales y frutos secos permite obtener proteínas de calidad, con menos grasa saturada y menos colesterol que los alimentos de origen animal.

 

Como podemos ver, no sólo no contribuimos en el propio cuidado del cuerpo y vamos en contra de sus necesidades, sino, además, cooperamos para que el maltrato hacia otros seres vivos que no son parte de la cadena alimenticia de los humanos, siga.

 

“Que tire la primera piedra quien esté libre de pecado”

Por donde quiera que le busquemos el consumo de carne constituye un mal hábito, pero, peor aún, el juzgar a los demás de inconscientes, violentos y crueles, cuando en nuestro día a día vivimos con esa misma ignorancia.

 

En definitiva, bajo ninguna circunstancia es correcto señalar a los demás sus errores, primero revisemos nuestros actos: notemos que no hacemos el suficiente ejercicio ni bebemos la cantidad de agua necesaria, aceptemos que comemos en exceso y no tenemos disciplina. Eso, también es violencia y hacia nuestro cuerpo. Nos agredimos cuando existe falta de cuidado. Si no valoramos y cuidamos nuestro cuerpo es casi natural que tampoco nos importe los que sucede a todos esos animales que usamos como alimento. Por eso “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra ”.

 

¿Cómo pretendemos parar la violencia hacia otros seres vivos si no somos capaces preservar nuestra vida con salud? Hay que informarnos, hay que indagar para transformarnos. Ocuparnos de nuestra salud es parte de esta mejora. En un cuerpo enfermo no florecerán los talentos necesarios para evolucionar, y parte de esa evolución es compadecerse del sufrimiento de los otros, tanto de nuestra especie como de las otras.

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