Por la Redacción|

La doctora y psicoanalista Cecilia Ríos Ibarra publicó recientemente el libro Psicosomática y psicosis: una investigación psicoanalítica, bajo el sello de la Universidad Intercontinental. El origen de su indagación se remonta a sus primeros años profesionales, en tiempos de la dictadura chilena, cuando tuvo a su cargo un pabellón de enfermos crónicos del psiquiátrico de Santiago. Ella recuerda vivamente  la gravedad de sus padecimientos (sus delirios) y a pesar de que  los pacientes pasaban horas expuestos a la inclemencia del invierno chileno, el rigor del clima difícilmente afectaba su organismo. Por otro lado, el trabajo con pacientes con afecciones orgánicas, cuyos padecimientos autoinmunes eran muy graves, cursaban con depresiones severas. Sin embargo, se planteaba la separación entre padecimientos mentales y orgánicos. Ya en México, durante su formación psicoanalítica, la investigadora  se pregunta cuál es la relación entre psicosomática y psicosis.

 

Psicosomatica y psicosis libro

 

Según la también catedrática de la Universidad Intercontinental, la psiquiatría ha tratado a estas dos entidades nosográficas como enteramente distintas. Para pensar lo somático en relación con lo psíquico, la psicología recurre a una metodología que correlaciona con rigor lo psíquico y lo somático, para definir en términos descriptivos apelando a la caracterología, o hallar un perfil psicológico específico de manera deliberada.

Ríos indica que ninguna de las formas anteriores capta la psicosis como proceso psicosomático, y añade que la investigación clínica y experimental de la medicina psicosomática se ha orientado por una concepción dualista del hombre, que desconoce todo lo que atañe al cuerpo en tanto cuerpo de goce. Junto a esta dimensión, la ciencia natural dedicada al estudio del ser humano excluye todo el campo del deseo y del goce del cuerpo y del sujeto.

Para psicosomatistas como Marty, Sami Alí, Dejours, Billiards y biólogos como Maturana y Varela, el hombre es psicosomático por definición. En condiciones normales, cuerpo y mente forman una aparente unidad; la enfermedad psicosomática es la consecuencia de una fractura de esa unidad.

La psicosomática dentro del psicoanálisis nació de la necesidad de complementar la teoría freudiana para pensar la somatización más allá de la conversión histérica.

Psicoanalistas como Pichón Riviere (1948) consideraban que la enfermedad somática se daba para eludir la psicosis; entre hipocondría, conversión y enfermedad psicosomática sólo habría diferencias fenomenológicas y una dinámica común.

De acuerdo con Ríos Ibarra, a partir de los trabajos de corte psicoanalítico que estudian la cercanía psicosomática de síntomas funcionales y orgánicos, ocurre un cambio que reivindica una visión integrada del hombre. Señala que si bien el síntoma de conversión entraña valor de metáfora y el síntoma es funcional, la afección psicosomática rechaza cualquier significación, puesto que hay imposibilidad de producir una metáfora: la lesión ataca directamente al cuerpo real y el sujeto no puede decir nada de su afección.

Por otra parte, la literatura psicoanalítica  se pregunta si en la patología actual hay una relación con las psiconeurosis de la época freudiana. En los consultorios, la experiencia cotidiana parece demostrar que, en la mayoría de los casos, existe una sorprendente reducción de la vida interior, con grandes dificultades o incapacidad de representación psíquica (Kristeva, 1993).

En las nuevas figuras patológicas, sostiene la investigadora, prevalecen otros componentes y la frecuencia de los pasajes al acto y de episodios somáticos va en aumento (Nasio, 1996; Billiards, 1994). Las dificultades de las relaciones con los demás y con uno mismo, la depresión, los comportamientos más o menos autodestructivos y las somatizaciones son tema recurrente en la clínica habitual.

As a el psicoanálisis reconsidera sus relaciones de vecindad con otras manifestaciones psicopatológicas, como las somatizaciones no conversivas y las psicosis, pues Freud argumentaba que no respondían al influjo del psicoanálisis.

Sami Alí encuentra un eslabón para entender la relación entre somatización y delirio, partiendo de conceptos elaborados por Freud. Para este autor, la proyección en los inicios de la obra freudiana era un concepto estructurante del psiquismo que, a partir del cuerpo, estructura el espacio, el tiempo, el adentro, el afuera, el sueño, lo imaginario. Sami Alí sostiene: “mientras que en la psicosis el predominio de la proyección trae consigo la desaparición de la alergia, como eventualmente de cualquier otra somatización que afecte al cuerpo real, en la alergia la somatización alcanza al cuerpo real por insuficiencia de la actividad proyectiva” (1988: 99).

Lacan contribuye a entender cuál es la posible relación entre psicosis y psicosomática. Afirma que, de acuerdo con el psicoanálisis, no se nace con un cuerpo, sino que el lenguaje atribuye un cuerpo y después lo otorga al unificarlo. Las marcas del lenguaje sobre el cuerpo inscriben la pertenencia a un linaje y a una cualidad erótica. El deseo de la madre debe ser sustituido por el Nombre del padre para que el cuerpo del hijo advenga sujeto: es lo que Lacan llama metáfora paterna. Si ésta no se constituye, surge la psicosis. Algo parecido sucede en la psicosomática.  Por último, Lacan plantea que existe una serie holofrásica formada por la psicosis, la debilidad mental y la psicosis.

Especialmente a partir de la lectura de Sami-Alí, y de Lacan se hizo factible la pregunta de investigación: ¿cuál es la relación entre psicosomática y psicosis? Cuando Sami-Alí comenta el caso de un escritor y filólogo suizo Fritz Zorn, quien escribe un libro antes de fallecer de cáncer y toma el caso como característico de la patología de la adaptación, llama la atención que el sujeto podía parecer un psicótico en muchos momentos; sin embargo, la frase que él lanza —“lo más inteligente que hice jamás en la vida es haber contraído este cáncer”—  impacta y estimula la curiosidad de la autora.

La obra se enriquece con la inclusión del estudio de caso de un paciente que muestra este pasaje de la somatización no conversiva al delirio. Mediante el análisis de un proceso psicoterapéutico breve, ella intenta dar cuenta de las características de su estructuración psíquica, así como de las semejanzas y diferencias entre psicosis y psicosomática.

Así, surge la investigación mediante el caso de un paciente que Ríos Ibarra  había atendido muchos años antes. Esta persona había padecido un delirio al que llamaba “la alergia”; la autora del libro supuso que no era casualidad que el paciente denominara así a lo que le aquejaba, pues recordaba la teoría freudiana acerca de la verdad del síntoma.

Freud (1937) asegura que detrás de todo delirio hay una verdad histórico-vivencial. Ríos Ibarra tomó la  “alergia” del paciente como un elemento que tendría que estar presente en la historia de su paciente. En efecto, el muchacho había padecido algo que podría catalogarse como alergia en su infancia. La autora ligó ambos eventos —una afección alérgica y un delirio llamado “la  alergia”—, pero lo que la intrigó fue que la salud física del joven estaba perfectamente sana, mientras estuvo con el delirio.

La catedrática de la Universidad Intercontinental realizó una investigación cualitativa y aisló ciertos indicadores para estudiar de manera más clara la posible relación entre psicosis y psicosomática. También se interesó en cómo estos padecimientos se relacionan en determinadas características aunque puedan no ser estructurales.

Poco antes de la publicación del libro, Cecilia Ríos tuvo la oportunidad de conocer al reconocido psicoanalista y director del Centro Internacional de Psicosomática de París y profesor emérito de la Universidad de Paris VII, Sami-Alí, quien al conocer el contenido del libro, le concedió el honor de escribir un comentario que se integró a la obra.

Tiempo después, en una conversación con el doctor Hans Saettele, distinguido psicoanalista suizo radicado en México, la doctora Ríos se enteró de que en sus años de universidad en Zurich, él había sido compañero de Fritz Zorn, caso trabajado por Sami-Ali.  De esta forma, también el doctor Saettele enriqueció el libro con su prefacio.

El libro puede adquirirse en la biblioteca de la Universidad Intercontinental y en librerías El Sótano.