Por Cristopher Pardo  |

 

Un monstruo de gigantescas dimensiones ataca despiadadamente los edificios de una urbe, aplasta los tanques y aviones del ejército, y nosotros gozamos cada uno de esos momentos. En más de una ocasión pasamos por alto que estamos viendo una botarga destruyendo una maqueta. En Japón, y en el cine en general, hacer que algo parezca gigante se considera un arte. Pero cuando dicho arte se mezcla con la fantasía de seres monstruosos que alimentan nuestro morbo, sabemos que estamos frente a un kaiju.

 

Criaturas con cremallera

 

Kaiju (pronunciado Kai-yú) en una palabra japonesa que significa “monstruo”, aunque el término apropiado sería Daikaiju, “gran monstruo”. Sin embargo, en el medio del cine y televisión se acepta el primer término para referir a cualquier monstruo, gigante o no.

 

Aunque Godzilla es el más famoso del mundo, no fue el primero. A principios del siglo XX, Japón producía filmes donde humanos debían sobrevivir al ataque de hombres lobo, vampiros o momias de tamaño colosal. Después de la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo luego de los desafortunados eventos de Hiroshima y Nagasaki, este país decidió producir un nuevo tipo de filmes en el que el monstruo sería analogía de las bombas atómicas. Así nace Gojira —conocido en Occidente como Godzilla—. Esta película fue tomada con seriedad, pues otorgaba un indiscutible peso moral a las muertes de los personajes y a la devastación de Tokio. Gracias a esto, durante las décadas siguientes Japón comenzaría a producir en masa filmes y programas de televisión de kaiju; entre los más famosos están Ultraman, Iron King, Super Robot Red Baron y Super Sentai.

 

Ciudades de unicel

 

En Japón se usa la palabra tokusatsu para referirse a películas o programas de televisión que usan efectos especiales no computarizados, sino maquetas, explosiones, coreografías de artes marciales y otros elementos similares. Debe saberse que este país no es el más desarrollado en lo que a técnicas fílmicas se refiere, pues gran parte de sus avances tecnológicos los dirigen a otras industrias o sólo a la animación.  Por eso, sus audiencias ya están predispuestas a tolerar ciertos tropiezos en la aplicación de efectos especiales durante los filmes. Japón es uno de los pocos países que aplaude el hecho de que otras naciones intenten narrar sus películas sin efectos digitales; se ha visto obligado a implementar computadoras para los efectos especiales, porque la demanda del público es cada vez más grande y exige más películas en menos tiempo.

 

Si la gente acepta que el monstruo tiene una cremallera en la espalda, los edificios explotan al mero contacto y los vehículos de guerra son meros modelos de maqueta, entonces puede gozar plenamente el contenido de un kaiju. Lo importante de estos filmes consiste en presentar un fenómeno de la naturaleza para recordar a los humanos que no son dueños absolutos del mundo y que sus creaciones son más frágiles de lo que creen. Con todo ello, y con el mensaje moral, se alimenta aquella parte de nuestro ser que nos permite ver desde la seguridad de nuestros asientos cómo las civilizaciones se hacen pedazos.

 

Creaturas de importación

 

Aunque en Japón se encuentran por excelencia los maestros del kaiju, otros países han intentado recrear la fórmula del monstruo que desata pánico y destrucción a su paso. Un ejemplo claro es Godzilla: King of the Monsters, uno de los primeros intentos de americanizar al kaiju. Esta pieza es narrada desde la perspectiva de un reportero americano en tierras niponas, se aprecia cómo la mayor parte de las muertes son censuradas y toda referencia a las bombas atómicas es omitida.

Será hasta 2008 cuando J.J. Abrams haría el primer intento de crear al kaiju americano, con el filme Cloverfield, que gozó de poca aceptación de las audiencias, entre otras razones porque siempre ha existido el prejuicio de que hacer filmes de este tipo es muy fácil y no merece la pena verlos.

Hoy se ha conseguido que un filme no japonés obtenga la aceptación del gran público, el cual combina el arte de los kaiju y los robots gigantes; hablamos de Gigantes del pacífico, dirigida por Guillermo del Toro. Esta película consiguió el favor del público japonés, quien aseguró que jamás esperaró ver un filme de gran presupuesto con ambos conceptos de robots y kaiju juntos.

 

Sin el afán de sobrevalorar este género, debo ser el primero en admitir que no todo lo que se hace merece la pena. Según mis cálculos, apenas 50% de los filmes kaiju pasan la prueba del tiempo; por ejemplo, Godzilla: King of the Monsters es un filme que puede verse en cualquier momento y la carga moral de la devastación será vigente aun después de todos estos años. Caso contrario es el de Godzilla´s Revenge, un filme tan malo, que incluso varios puristas del famoso kaiju han pretendido que no existe.

 

Al final, este tipo de películas son muy queridas en Japón y se consideran como uno de las mejores formas de entretenimiento, y creo que se merecen un poco mas de atención de parte de Occidente. En los últimos años, hemos visto cómo algunos visionarios del cine han tratado de dar a las audiencias occidentales un poco de lo que en Japón y algunos países asiáticos se ve con frecuencia; por lo visto, los kaiju se quedarán por lo menos unos años en el cine norteamericano, lo cual podrá ser una buena alternativa para las carteleras.

 

 

Para futuras referencias consulten

-Cinemassacre’s Monster Madnes Godzilla-A-Thon

http://www.youtube.com/watch?v=se2pLaj1Dcw

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