David Patlán  |

 

“Un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre,

el maltratado, el despreciado pie y

de ese beso nace el ídolo del futbol”.

Eduardo Galeano

 

 

La cancha de futbol no se mide sólo en metros, sino también en el anecdotario de toda una nación compuesta por tradiciones modernas que uniforman conocimientos y trastornos entre los seguidores del deporte-espectáculo-poder. Una tenue confrontación entre culturas, ideologías políticas y modos de practicar el juego.

Hoy como nunca antes, dirían los narradores, estamos ante lo “histórico”, lo que antes no fue. Sólo así comprenderemos cómo la fanaticada —hinchas, fans, hooligans, aficionados, devotos y diletantes— observa desde las gradas a los jugadores como héroes y villanos; al gol como un milagro o penitencia, orgasmo o espasmo, según la portería. Las pantallas muestran tanto a ídolos como a repudiados, triunfadores y fracasados. Es un santuario de pasiones, aficiones y comunión.

En la actualidad, los estadios ejemplifican y muestran un ritual contemporáneo, globalizado desde lo económico hasta lo deportivo. Creemos en nuestro equipo, puesto que sus once representantes dignifican y perpetúan a los héroes que cimentaron la identidad nacional o local: aztecas, galos, charrúas, samuráis, gringos, gitanos, germanos.

 

El futbol como poder

Antonio Gramsci elogió este deporte al llamarlo “reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”. Sin embargo, el deporte también es una forma de poder; dictadores como Mussolini, Hitler, Franco, Videla y Milosevic hicieron del balompié una fotografía ideológica con el fin de plasmar la imagen del momento político y social por el que pasaba su país o gobierno.

El deporte originalmente obrero o de barrio pronto se volvió clasista, ya que la entrada del capital en el deporte genera estructuras similares a las del trabajo en serie. Es decir, cualquier bien o servicio cultural se produce, reproduce, conserva y difunde como parte de un curso económico; al seguir determinados criterios industriales, se producen información y cultura en serie que consumimos por la intervención de una industria dirigida por empresarios o emporios empresariales como Bayer, Fiat, Daewoo y Televisa, que utilizan los vínculos de identidad para conseguir beneficios económicos.

Además, esta antigua catarsis deportiva se ha llevado más allá de la cancha reglamentaria hasta invadir los territorios bélicos: la guerra del Caucho, la resistencia ucraniana o húngara ante la invasión alemana, la guerra de campesinos entre Honduras y El Salvador, la guerra de las Malvinas, que produjo discordia entre ingleses y argentinos, entre otros.

Incluso la camiseta, prenda de orgullo que usan los equipos para “enfrentar” a los rivales, se ha transformando en un recurso de poder económico cada vez más omnipresente en las estrategias de mercadotecnia y, por supuesto, de finanzas. Tan sólo en el mundial Brasil 2014, Adidas facturó 2.400 millones de dólares, mientras que Nike registró 1 900 millones de dólares.

 

El futbol y los medios de comunicación

Los medios de comunicación se encargan de difundir ampliamente lo referente al futbol, por lo que las noticias deportivas suelen ser más relevantes que las políticas.

Además, gracias a internet y a la televisión por cable observamos que, según Santiago Flores Álvarez-Ossorio, “Las empresas de comunicación consideran a los futbolistas mercancías, que explotan hasta que dejan de ser rentables. Éstos son los valores materialistas de la sociedad capitalista. El mundo del futbol cuenta con patrocinadores y grandes multinacionales que se publicitan gracias él. Multinacionales como Nike que vende la imagen de Ronaldinho vistiendo su ropa y la gente la compra. Algunas empresas controlan clubes como Philips, el PSV Eindhoven o Canal Plus France, el Paris Saint Germain, cuyos ingresos son para esas empresas”.

La gran industria del cine no es ajena al fenómeno social del deporte, y aunque no considera el futbol un tema importante, pueden verse películas como:

The Cup (Australia-Bhutan, 1999): los niños de un monasterio budista quieren ver el mundial de 1998; son fanáticos de Ronaldo y, cuando los monjes mayores los dejan, juegan sus partidos.

Green Street Hooligans (Inglaterra, 2005): un joven expulsado por error de Harvard se muda a Londres, donde se introduce en el violento mundo de los hooligans.

Evasión o victoria (Alemania, 1981): fue interpretada por Sylvester Stallone, Michael Caine y Pelé. La acción transcurre en el campo de prisioneros de Gensdorff. Un oficial nazi, entusiasta del futbol, decide organizar un encuentro entre carceleros y presos.

 

Idiosincrasia futbolera

Si bien el término idiosincrasia muestra el temperamento y las características adquiridas colectivamente, hasta identificarnos con ellas y repetir comportamientos o costumbres sociales y culturales, la mejor influencia de la idiosincrasia futbolera aún está en la ilusión, aunque también en la perversión del poder cuando un gol aniquila la esperanza del rival. Se trata de un deporte matizado de sueños y dinero, pobreza y fama.