Por Alejandro Vargas |

 

Durante años, el futbol mexicano ha sido un problema para la FIFA, debido a los malos manejos de los directivos y al incumplimiento de las reglas impuestas por la máxima federación de futbol mundial.

 

En Brasil 2014, la afición mexicana ha dado mucho de qué hablar: se compone de muchísima gente y apoya al Tri de manera incesante pero, durante los partidos contra Camerún y Brasil, gritó una palabra a los porteros rivales a la que estamos acostumbrados quienes vamos al estadio; por ello, la máxima autoridad pidió a la Federación Mexicana de Futbol que controle dicho “mal comportamiento”, puesto que lo considera homofóbico y vulgar.

 

En 2005, de la mano de Ricardo Antonio La Volpe, el Tricolor viajó a Alemania a disputar la Copa Confederaciones, donde eliminaron a Salvador Carmona y a Aarón Galindo de la concentración por dopaje, aunque también hubo rumores sobre su participación en un comportamiento inadecuado, por lo que fueron suspendidos de toda actividad durante un año.

 

En la Copa Oro, también hubo problemas con la escuadra mexicana: varios jugadores dieron positivo por clembuterol en la prueba antidopaje, lo cual se justificó por consumo de la “carne intoxicada” de nuestro país. No se castigó a los jugadores por este incidente aunque, lamentablemente, perdieron el torneo internacional.

 

Y en el mundial de Italia en 1990, el futbol mexicano cometió su error más grave: antes de una competencia con límite de edad, los directivos mexicanos modificaron las cartillas militares, las actas de nacimiento y los documentos escolares de algunos jugadores, con el fin de participar con futbolistas mayores de la edad permitida. La prensa se dio cuenta del fraude y todas nuestras selecciones fueron castigadas durante cuatro años, por lo que no pudieron jugar en el mundial ni en las olimpiadas.

 

Lo más triste del balompié en nuestro país es que, aunque ya ha recibido fuertes castigos, sigue sin entender.

 

Además, en México todavía se lucha contra la multipropiedad de equipos: Azcárraga tuvo que deshacerse de los equipos San Luis y Necaxa; Salinas Pliego tenía a Jaguares y a Monarcas —por lo que vendió a la escuadra de Chiapas, pero poco después compró al Atlas— y el Grupo Pachuca tiene a los Tuzos y al León.

 

Esto se permite aquí, en nuestro país, aunque esté prohibido por la FIFA y pese a que, desde que el torneo se llama Liga MX, se estableció que los propietarios de dos equipos tenían que vender uno en un periodo máximo de 5 años. Esta regla no se ha cumplido y sólo un propietario vendió uno de sus equipos pero, al año siguiente, adquirió uno nuevo; lo más preocupante es que la liga no hizo nada.

 

Pero ¿por qué la FIFA prohíbe la multipropiedad?

 

Lo hace para evitar los malentendidos o los malos manejos que sucedían con frecuencia en cada partido entre América y Necaxa, Jaguares y Monarcas y ahora, en la última final, entre León y Pachuca.

 

Es lamentable que ni la FIFA ni la Liga MX cumplan sus propias reglas y, peor aún, que los dueños de los equipos sólo estén interesados en los beneficios económicos y no procuren dar una buena imagen en el torneo local.

 

Además de multipropiedad, Tijuana tiene una relación cercana con una casa de apuestas, cuyos dueños son familiares, lo que provoca una vez más que se piense mal y que no exista transparencia en el futbol. Es tan clara la relación entre estas dos empresas, que al frente de la camisa de los Xolos se encuentra el logo de dicha casa de apuestas y no sólo eso, sino que su estadio también tiene el mismo símbolo de tamaño bastante grande.

 

¿Qué debe hacerse para cumplir las reglas del balompié mexicano?

 

En primer lugar, los propietarios deben tomar buenas decisiones para que el futbol mexicano sea más honesto. Si ellos no lo consiguen, será responsabilidad del aficionado y de los medios exigir claridad en cualquier competencia.

 

En segundo lugar, tener una comisión de arbitraje que actúe de manera seria, justa y sea imparcial ante el equipo o la institución que haya que castigar.

 

Hace unos años, la comisión de arbitraje cobraba a los jugadores una multa si se tiraban en el campo con el fin de marcar una falta, pero esto se convirtió en un circo: castigaban a todos salvo a los “peces gordos”: esto es reprobable y no debe repetirse, por lo que la comisión de arbitraje debe estar dirigida por una persona seria, con carácter, que haya trabajado como árbitro y tenga criterio en sus decisiones.

 

Si esto no se consigue, podemos tomar de ejemplo a Italia: su gobierno se preocupó por la competencia de su liga y descubrió inconformidades como amaños en partidos; castigó al Milán y al Juve e incluso expulsó a los directivos que rompieron las reglas.

 

Los castigos enérgicos son el arma más valiosa para detener las irregularidades, pero como espectadores tenemos una forma de exigir, esto es no asistiendo a los partidos, porque un espectáculo sin público no puede persistir.