Por Alejandro Vargas España |

 

En 2010, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva comunicó al mundo y a los líderes de las doce ciudades sede que al asumir la organización del torneo, se comprometían a realizar “no sólo una Copa del Mundo, sino la mejor”, y por ello, tenían que hacer todo lo posible para que esto se cumpliera.

 

A pocos días de iniciar la máxima fiesta de futbol, en Brasil no se vive el ambiente esperado: la población está molesta con el gobierno por gastar en exceso para construir o remodelar estadios en lugar de invertir en educación, salud y seguridad.

 

El comité organizador de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 asegura que se han invertido más de 5 mil millones de dólares en los doce estadios, pero algunas de estas sedes siguen incompletas e incluso, en una de ellas, hubo accidentes que causaron varias muertes.

 

El costo para construir el Estádio Nacional de Brasília, también llamado Estadio Mané Garrincha, se ha triplicado a casi 900 millones de dólares de fondos públicos, debido a que las sumas se inflaron con facturas falsas. Este aumento en los costos lo convierte en el segundo estadio de futbol más caro del mundo, aunque la ciudad no tenga un equipo profesional importante, lo que demuestra un gasto excesivo y, sobre todo, poca planificación para aprovechar las nuevas construcciones a futuro.

 

InspirAction, una organización no gubernamental para el desarrollo, informó que en Brasil, 18.6% de la población vive en situación de pobreza; sin embargo, el Mundial ha tenido más importancia que la realidad de la clase baja y, pese a lo anterior, éste será el evento más caro de la historia con un costo de más de 10 mil millones de euros, una cifra superior a la de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 juntas.

 

Esto parece no importar al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, pues esta federación ya ha obtenido 1 380 millones de dólares en ganancias, gracias a la venta de boletos para los partidos, los derechos de transmisión televisiva a cadenas de todo el mundo y a cadenas de mercadotecnia.

 

Las protestas de la sociedad anfitriona del máximo torneo futbolístico han ido tan lejos que algunas figuras públicas de este país han apoyado a los grupos marginados por medio de las redes sociales: “¡Quiero un Brasil más justo, más seguro, más saludable y más honesto! Entro en el campo inspirado por esas movilizaciones. Estamos juntos”, indicó Neymar. Mientras tanto Rivaldo, campeón de Brasil en el Mundial de 2002, escribió en twitter: “Es una vergüenza gastar tanto en esta Copa del Mundo, y dejar los hospitales y las escuelas en condiciones tan precarias”.

 

Las presiones hacia los gobernantes de Brasil empeoran cada vez más las cosas, y con las abundantes acusaciones de corrupción y con los pocos proyectos de transporte público a la vista, muchos expertos en materia política y social afirman que el país dejó escapar la posibilidad de aprovechar el Mundial para hacer progresos verdaderos.

 

Aunque se reconoce a los brasileños como una sociedad altamente futbolera, los manifestantes abuchearon y gritaron a los jugadores: “¡No habrá Copa!”, mientras su autobús salía del hotel rumbo a la concentración de Granja Comary, en la ciudad serrana de Teresópolis, donde se alojará la verdeamarela durante el Mundial.

 

El transporte representa otro gran problema en la organización del evento, pues se dice que no hay ni la logística ni la infraestructura necesarias para trasladar a los miles de aficionados. Además del paro que realizaron los choferes de Río de Janeiro para exigir un aumento salarial a quince días del inicio del magno evento.

 

Este mundial podrá ser muy llamativo en el ámbito futbolístico; pero, sin duda, el evento pasará a la historia por las corruptelas y por las deficiencias al planificarlo, lo que afecta a toda su población.