Por Alfredo Ruiz Arias |

 

La monotonía puede llegar a consumir la capacidad de sorpresa del ser humano y convertirlo en un sujeto indiferente, inmerso en su propio mundo, donde nada nuevo ocurre.

Hace algunos años surgió el flashmob como una forma de romper la cotidianidad. Se trata de un fenómeno social cuyos actos se organizan por medio de las redes sociales o correos electrónicos; en ellas, un grupo de desconocidos acuerda realizar una acción sorpresiva en algún lugar público. Su finalidad es diversa; puede tener como único fin sorprender a la gente o bien transmitir un mensaje publicitario, político o social.

El flashmob ha sido utilizado, sobre todo, por importantes compañías que buscan la promoción de sus productos en el espacio público con estas intervenciones.
El uso de las redes sociales ha sido indispensable para lograr convocatorias multitudinarias y coordinar con exactitud sus acciones; así, gente de diferentes lugares se reúne para participar en ellas.

 

flashmob

 

Con la llegada del 2000 y la expansión de nuevas tecnologías, como los celulares, computadoras e Internet, las personas comenzaron a crear formas de organizarse tanto en el aspecto laboral como en cuestiones personales. Gracias a Internet, cualquiera podía estar en contacto con cualquiera en cualquier parte del mundo. Esto contribuyó al surgimiento del flashmob, cuya primera aparición masiva ocurrió en 2003: en Nueva York, más de 100 personas acudieron a la tienda departamental Macy’s, donde se colocaron alrededor de una carísima alfombra. La gente estaba extrañada por la multitud reunida y, cuando alguien preguntaba qué hacían ahí, los del grupo respondían que todos ellos vivían juntos en un almacén situado en las afueras de la ciudad y, puesto que entre todos tomaban decisiones, habían ido a comprar “la alfombra del amor”.

Éste fue el primer registro de un flashmob con un fin publicitario; más tarde, surgieron alrededor del mundo diferentes seguidores del movimiento. Gracias a su organización como punto de origen para realizar acciones y transformaciones sociales, los grupos de flashmob han logrado transformar —al menos por unos momentos— el estilo de vida rutinario.

En México, flashmob alcanzó éxito en iniciativas como “El metro sin pantalones”, cuando, a cierta hora, un grupo de personas viajó en el metro en ropa interior; o como el “Experimento mp3”, donde más de dos mil personas actuaron siguiendo las indicaciones de una pista de mp3 previamente descargada en sus celulares, IPod y demás. Éstos son sólo dos ejemplos de algunos flashmobs realizados en nuestro país, los cuales, además, han tenido más de una edición.

 

 

Entre los flashmobs más reconocidos alrededor del mundo, puede citarse “Frozen Grand Central”, en Nueva York, donde, a cierta hora del día, más de 150 personas permanecieron inmóviles, como estatuas, dentro de la terminal Grand Central, ante el asombro de los restantes transeúntes. Otro ejemplo de gran impacto visual, también efectuado en Nueva York, fue “El espejo humano”, en el que parejas de gemelos, vestidos de forma idéntica, se sentaron unos frente a otros, realizando los mismos movimientos; este flashmob —idea de Improve Everywhere— sorprendió a las personas que, desde las diferentes estaciones del metro, entraban al vagón.

 

 

Hoy día, existe una infinidad de grupos dedicados a estas actividades; en general, la pretensión de estas acciones voluntarias es hacer reír o sorprender, aunque hay quienes han logrado generar conciencia con este tipo de encuentros. La capacidad de comunicación, convocatoria, organización y espíritu lúdico han hecho del flashmob un fenómeno fuerte e impactante.