Por Alejandro Landoni |

 

No te dejes engañar por las harinas. No permitas que los grandes corporativos te den de comer venenos que inflan. Deja de ser lo que comes.

 

Se conoce como harinas blancas a las que obtienen ese color debido a su proceso de refinamiento en el que el grano de trigo pierde el germen —compuesto de alto valor nutritivo— y el salvado —parte de la molienda que tiene proteínas, grasas, minerales, polisacáridos, celulosa y agua—. Así, sólo se queda con la endosperma, conjunto aplastado de células y gránulos de almidón con una pequeña dosis de proteínas. A esto hay que agregar los conservadores para que los productos elaborados con esta harina duren algo de tiempo. Esta composición indica que son ricas en carbohidratos, los que el cuerpo humano asimila convertidos en azúcar. También contienen un reducido nivel de aceite, vitaminas, proteínas y minerales.

 

En la vida cotidiana, comemos muchos productos hechos con harinas refinadas sin ser demasiado conscientes de los daños que podemos causar a nuestro organismo por su ingesta excesiva, problemas que van desde desarrollar hemorroides, colesterol y obesidad, hasta producirnos enfermedades como diabetes tipo II, cáncer de colon, hemorroides, colesterol, divertículos y osteoporosis.

 

Debido a su refinamiento, el estómago no digiere la harina fácilmente, por lo que el páncreas debe trabajar a marchas forzadas y las asimila como una carga de azúcar; así se genera una hormona que hace que no se sienta hambre. Después, el azúcar se expande en el cuerpo y favorece la acumulación de grasa, mientras el cuerpo siente una carga de energía y libera endorfinas (hormonas encargadas de la felicidad) que incluso ayuda a la concentración. Al terminar este efecto —de corta duración—, el cuerpo segrega adrenalina, dopamina y cortisol, hormonas que al sentir la pérdida de azúcar actúan para contrarrestar cualquier inconveniente.

 

Una de las mejores alternativas para combatir la mala salud que producen las harinas blancas es la harina integral. En su elaboración se utiliza el grano entero de trigo, por lo que no se pierden sus componentes (endosperma, salvado y germen). Así que posee carbohidratos, que se administran de una manera gradual en el metabolismo y no provocan un bajón energético. Por el grado nutrimental, tiene proteínas, antioxidantes, grasas saludables (monosaturadas y polisaturadas), vitamina B, minerales y mucha fibra.

 

También puede llegar a reducir en 21% el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, provoca en el organismo la sensación de saciedad de manera prolongada. Evita el exceso de glucosa o insulina en la sangre. Y, debido a que no está refinado, el metabolismo no genera una dependencia al azúcar.

 

Otras alternativas que pueden reemplazar el consumo de las harinas blancas pueden ser el consumo de pasta de almendra, harina de avena, de centeno, de mijo, de arroz integral,  trigo integral, de quinoa, de almendra y de coco.

 

Hoy existen muchas alternativas para disminuir el consumo excesivo de este alimento que, aun cuando ha acompañado al hombre desde hace mucho tiempo, debe moderarse.