Por Gabriela Toledo  |

 

Recuerdo que en los noventa —más precisamente entre 94 y 95—, la crisis económica de México se resquebrajaba, convulsionaba, dejaba rotos los bolsillos y platos de las familias mexicanas, en gran parte por la (i)responsabilidad de los funcionarios. El dinero se volvió virtual, porque nadie sabía dónde estaban los millones de dólares de la presumida reserva monetaria.

 

Veinte años después, el dinero continúa siendo una ficción colectiva y la economía virtual presenta una nueva criptografía de la que poco se sabe; inmersos en la ignorancia económica, los mexicanos prefieren mirar un monitor y, desde algún punto de la red o, mejor dicho, desde algún link, surge el imperio del bitcoin.

 

¿Qué es el bitcoin? Se trata de una divisa (dinero) electrónica (virtual) que funciona como forma de pago de bienes y servicios, con la particularidad de no seguir las normas habituales impuestas por autoridades bancarias nacionales e internacionales.

 

Esta criptomoneda o criptodivisa —que ya no es única, pero sí la que impone la lógica de mercado— fue creada en la red por “alguien”, con el seudónimo de Satoshi Nakamoto y quien programó la forma de operar la moneda y su plataforma.

 

En términos informáticos, es una criptografía (representación de un lenguaje cifrado) cuyo signo comercial (฿) o (BTC, XBT) propone un sistema de transacciones electrónicas —casi como las tarjetas de crédito—, pero que no depende de un contrato, sino de la confianza entre los usuarios.

 

Si actualmente bitcoin fuera un ente comercial, estaría entre las 500 principales empresas del mundo por su nivel de capitalización, cuya fluctuación es de casi 9 mil millones de dólares a la cotización actual, aunque ya comienza a convulsionar al mercado real.

 

¿Cómo se obtiene? Hay dos formas. La primera es muy simple. Puedes comprarlos dando clic en páginas web que los ofrecen o que estimulan la inversión en este mercado cambiario, con la promesa virtual de acrecentar tu ganancia, ya sea mediante registro de sociedad o con el simple pago en efectivo en establecimientos comerciales como Oxxo, Telecom, Wester Union o transferencia (banco): una primera incongruencia; de acuerdo con el tipo de pago y pedido, se hace entrega de las criptomonedas.

 

El otro modo de conseguirlos es más interesante y complejo: cientos de personas o quizá miles de internautas en el orbe adquieren bitcoins mediante la excavación de minas electrónicas; a esta forma se denomina mining, en alusión exacta de la minería que ursurpa del fondo de la tierra riquezas naturales que se transforman en recursos económicos.

 

El trabajo de mining  implica registrar las transacciones (compra-venta) y validarse por otros mineros que aseguran que quien paga tiene un “capital” o “dinero virtual”. Digamos que es como cuando juegas Turista o Monopoly con tus familiares o amigos y hay una competencia donde gana el primero capaz de validar todo el lote de operaciones, aunque tambien pueden comprarse “físicamente”.

 

En ambos medios de obtención, bitcoin utiliza tecnología punto a punto (P2P) para operar sin una autoridad central —es decir, un banco—, gestionando las transacciones y la emisión de Bitcoins que se llevan a cabo conjuntamente por la red. Pero otro factor en común —el más trascendental— es la volatilidad de la moneda. En un clic puedes perder toda tu inversión o ganar, por lo que debes asegurarte de entender los efectos que conlleva —digamos las pérdidas que borrarás si tu inversión se esfuma como en los noventa—.

 

Si quieres formar parte del imperio bitcoin por medio de mining, debes considerar varios aspectos. El primero de ellos es el factor tiempo —el clásico “time is money”—, ya que deberás resolver un problema criptográfico que implica adivinar y comprobar miles de millones de veces una respuesta. Además, debes tener habilidad tecnológica, pues, entre mejor equipado estés, más éxito tendrás. La gente interesada en comprar bitcoins puede agruparse y competir contra otras sociedades más poderosas —especie de holdings— con acceso a mejores tecnologías que garantizan la obtención de más y más bitcoins. Como ejemplo esta GHash.io, quien controla 42 por ciento de los mineros de la red.

 

El retorno del dinero virtual es una especie de guerrilla mediática. Por ejemplo, en México tanto la librería Gandhi como las emergentes 7Eleven y hasta la casa de apuestas Caliente aceptan estas monedas como forma de pago. Los bitcoins pueden adquirirse en el sitio Coinbase, para después ligar sus cuentas con su monedero Pademobile y mediante números de Telcel o Movistar. Segunda incongruencia: requieres otras instancias y empresas para pagar, aunque el dinero sea “tuyo”.

 

La parte técnica conlleva tres características fundamentales que cada aplicación o programa Bitcoin debe tener: a) ser de código abierto o libre, b) estar respaldado por otros usuarios y no por empresas, e c) incorporar medidas de protección de la clave privada. En otros términos, la criptomoneda no pertenece a ningún Estado o país y puede usarse en todo el mundo por igual; también está descentralizada —ningún Estado, banco, institución financiera o empresa la controla—; es imposible su falsificación o duplicación gracias a un sofisticado sistema criptográfico, no demanda que reveles tu identidad al hacer negocios, por lo que preserva tu privacidad. Su mejor premisa es “El dinero te pertenece 100%; no puede ser intervenido por nadie ni las cuentas pueden ser congeladas”.

 

En caso de interesarte en invertir tus pesos en esta criptomoneda, puedes acceder al servicio “Mi monedero” de la página web Blockchain.info, cuya aplicación permite gestionar bitcoins de manera rápida, sencilla y sin tener que descargar ningún programa.

 

El valor de un bitcoin al 28 de enero de 2014, es de 808.62 dólares, de acuerdo con el sitio de Coinbase. Debido a su alta denominación, esta divisa opera con ocho decimales para ser fraccionada, a diferencia de las monedas normales que cuentan con dos.

 

El número total de bitcoins está limitado a 21 millones, por lo que se prevé que para 2140 ya no podrán extraerse monedas adicionales. La cazuela de oro al final del arcoíris.

 

El primero de enero de 1994 nos auguraba tanto la vigencia como las bondades del Tratatado de Libre  Comercio (NAFTA) y nos reveló la revuelta zapatista. El primero de enero del 2014 nos vaticina la reforma energética y encontramos autodefensas, detención de narcotraficantes y el retorno del dinero virtual.

 

*** Es libre pensadora de formación, contadora por hobbie, estudiante de la Maestría en Ciencias en Administración de Negocios, Gerente de la ONG “Servicios a la Juventud”  (Seraj, A.C).

 

Links recomendados

http://bitcoinmexico.org/ , http://elbitcoin.org/www.localbitcoins.com

 

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  1. Carlos
    Responder

    Solo una observación:

    No requieres de empresas ajenas, de hecho lo más recomendable es tener el wallet en tu computadora y quizá una tercera forma de obtenerlos sería aceptándolos como medio de pago.
    por lo demás excelente artículo.

    Saludos!

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