Por Alejandro Vargas |

 

En 2010, por primera vez en la historia, el mundial se llevó al continente africano y también, por primera vez, España fue campeón del mundo. Pero no todos los recuerdos de este torneo son muy buenos; las malas decisiones en el arbitraje provocaron que varios equipos fueran injustamente eliminados.

 

Por esta razón, Joseph Blatter, presidente de la FIFA, ordenó que en Brasil 2014, se incorporara la tecnología para evitar más errores arbitrales que abrieran la puerta a la falta de justicia; como resultado, ahora se utilizan cámaras con sensores para ver si el balón entró o no a la portería.

 

A pesar de este avance, aún continúan ocurriendo muchos errores arbitrales que han perjudicado a casi todos los equipos en el mundial. Fuera de lugar, penales inexistentes o agresiones físicas no se marcaron y crearon inconformidad en aficionados de todo el mundo. Es urgente un cambio radical en cuestión de la justicia en el deporte más observado en el mundo.

 

La tecnología debe seguir ayudando a los vestidos de negro, pero sin alterar la esencia del balompié. A diferencia del americano y del basquetbol, el futbol no puede tener tiempos muertos; su ritmo debe ser continuo y las decisiones difíciles deben tomarse con inmediatez, por lo cual los sensores son la clave para llegar a la tan ansiada justicia.

 

Por ejemplo, la tecnología de línea de gol incluye ahora cámaras con sensores, que logran ver desde diferentes ángulos si la pelota entró o no y de inmediato se avisa al impartidor de la justicia mediante un reloj (si hay gol, vibra).

 

En triatlones —o en simples competencias donde se corren cinco o diez kilómetros—, hay una tecnología que permite medir los tiempos realizados en cada uno de los kilómetros mediante un chip; esa misma tecnología podría aplicarse en los tachones, y sería la solución para ayudar al “silbante” y a los abanderados a marcar los fuera de lugar.

 

Otra solución podría ser que distintos árbitros revisaran, con distintas tomas, todas las jugadas dudosas en cuartos, dentro de los estadios, para asegurarse de la jugada y resolver en pocos segundos una decisión, la cual podrían comunicar mediante las diademas que ya se utilizan.

 

Sin duda alguna, este tipo de soluciones es muy costosa, pero tiempo atrás la UEFA, dirigida por el ex futbolista Michael Platini, tuvo una excelente idea que no requería mucho presupuesto: incorporar dos “justicieros” más, para apreciar más jugadas y evitar altercados entre jugadores. Si esto se hubiera implementado en Brasil 2014, Luis Suárez habría sido expulsado en un partido determinante entre Uruguay e Italia —que al final dejó fuera a los azzurri— y, además, no se habría marcado el penal del último minuto del partido entre Holanda y México ni el Tri habría perdió ni sido eliminado.

 

No es posible que cuatro árbitros —dos jueces de línea, un árbitro central y el cuarto oficial— basten para cubrir a veintidós jugadores en constante contacto y aparte se preocupen por el fuera de lugar y por correr hacia donde está el balón. Por ello, es necesario que pongan o más ojos o más tecnología para favorecer a la justicia y no al jugador más vivo o más pícaro.

 

Después del mundial, vendrán días trascendentes para el deporte más seguido en todo el mundo, debido a que termina el mandato de Joseph Blatter; el dirigente buscará la reelección y habrá opciones interesantes como Michael Platini. Tendremos que escuchar sus ideas y sus propuestas para un tema tan caliente y tan difícil de manejar como el arbitraje, con el que, al final, se termina sin dar gusto a todos.

 

Por un lado, Michael Platini, actual presidente de la UEFA, busca utilizar más hombres que aseguren la justicia; otra de sus prioridades es realizar un trámite mucho más seguro para buscar la sede de los mundiales y evitar altercados, como los sucedidos en Brasil.

 

Joseph Blatter llegó a la presidencia de la FIFA con una promesa: que llevaría al futbol a todos los rincones del mundo, lo cual cumplió, debido a que ya hubo mundial en Asia y también en África; sin embargo, se ha rehusado a la tecnología y ha evitado lo más posible su utilización. Pese a eso, ya se logró poner la tecnología de línea de gol, si bien ocurrió prácticamente obligado por futbolistas, aficionados y presidentes de distintas federaciones de futbol.

 

Esto nos demuestra que, en este deporte tan hermoso, aún restan muchas situaciones que resolver; al final, jugadores, aficionados y federaciones de futbol deben presionar a los representantes para nuevas formas de generar justicia sean creadas. Sin duda, con ello se evitarían malos pensamientos, como los que en pleno Brasil 2014 abundaron y relataron los periódicos y redes sociales.