Por David Patlán |

 

 

“Puede usted estar seguro de que el pueblo mexicano y la historia le harán cabal justicia”, sentenció Creel a un viejo de 86 años, oriundo de Oaxaca, mixteco de mirada penetrante, profunda y obscura.

Porfirio Díaz aún no conoce esa justicia, y este país tampoco entiende a cabalidad el término.

Su empolvada tumba en Montparnasse, célebre cementerio parisino, ha transcurrido el tiempo, la fama y el olvido. No hay mensajes ni ceremonias que lo reivindiquen. No fue el bicentenario de la independencia mexicana ni el centenario revolucionario el cortejo que expatriara al héroe, al patriarca, al villano, al dictador, al progresista, al manteísta, al bachiller de artes, al masón, al ilustre, al soldado o tan sólo a él, don Porfirio.

Las revisiones de su vida son antípodas, versiones encubiertas por el tiempo en que fueron escritas. Los libros de texto elaborados por la SEP lo retrataban como un tirano y un dictador frente a un pueblo ultrajado y valiente. Para Filomeno Mata, él fue “el monstruo del mal, de la crueldad y de la hipocresía”. En el texto México bárbaro, John Kenneth Turner sentenció que se trataba de “el más colosal de los criminales de nuestro tiempo, pilar central del sistema de esclavitud y autocracia”. El propio Madero, en La sucesión presidencial en 1910, texto que justificó el inicio de la Revolución, blandió su pluma para expresar “estimo al general Díaz y no puedo menos que considerar con respeto al hombre que fue de los que más se distinguieron en la defensa del suelo patrio y que, después de disfrutar por más de treinta años el más absoluto de los poderes, ha usado de él con tanta moderación”.

Siendo gobernador Benito Juárez, lo condecoró como bachiller de artes en su natal Oaxaca, sin deparar futuros. Años después, le escribió a Guillermo Prieto: “es un buen chico, nuestro Porfirio”. Para Cosío Villegas, Porfirio Díaz “no era ni un ángel ni un demonio, ni tampoco una mezcla de los dos”. En su revisión histórica considera que Porfirio Díaz levanta entonces la bandera del progreso material, pero descuidando e incluso sacrificando la libertad política.

Llegó al poder por la vía de las armas y fue presidente como sólo podía serlo en el México decimonónico a partir de la insurrección. Allí estuvo tres décadas con sus logros y fracasos, innumerables vindicaciones del “orden y progreso”, como innumerables son las injusticias del régimen que presidió. Su visión modernista de un México anquilosado en la oscura tradición colonialista y vejado por guerras intestinas e invasiones, generó obras de ingeniería, comunicaciones educativas y de salud, ensombrecidas por la injusticia de las clases obreras, la guerra de castas y la imperfección de una democracia.

Sus contemporáneos lo ennoblecieron con la visión de haber hecho de México, un país con electricidad, telégrafos, correos y ferrocarriles. Gobernó en México con un poder inusitado desde 1876 hasta su caída en 1911. José Yves Limantour, su operador financiero, enarbola la imagen grandilocuente de quien atestiguó el refulgente período porfirista:

“El general Díaz fue, sin duda, el creador del México moderno. Después de sesenta años de agitación que precedieron a su administración, él llevó al país a un estado de progreso que no superaba ninguno de los países de América Latina. Bajo su guía, se creó orden a partir del caos, la prosperidad se desarrolló conscientemente en todas las clases y se formó un nuevo país. La grandeza del general Díaz [se reveló] como estadista, como soberano de hombres y como patriota. El general Díaz fue un trabajador infatigable que dedicó la totalidad de su tiempo, de su sobresaliente habilidad y de su gran fuerza a crear el bienestar de su pueblo y al desarrollo de su país. Ningún asceta se ha preocupado menos por sus propios intereses, placeres o comodidades.

Ante la inminente revolución en 1910, Díaz celebró el primer centenario de un México independiente, el 15 de septiembre de aquel año; frente al zócalo, exaltó la libertad conseguida. En las celebraciones centenarias, inauguró el Ángel de la Independencia, y recibió de España el traje que portó José María Morelos al ser fusilado en Ecatepec en 1815.

centenario-de-independencia

 

Dos meses después, la revolución estalló y seis meses después dimitió al cargo de Presidente: “El pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo es causa de su insurrección.

No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos a propósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad.”

Vale la pena saber cómo se expresó Díaz en su carta de renuncia, el 25 de mayo de 1915, antes de abordar el Ypiranga, rumbo a su eterno exilio:

“Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas.”

¿Cuántas calles, colonias, pueblos, ciudades o estados llevan su nombre?, ¿qué político o ideólogo de izquierda, derecha, centro tiene una idea de nación como él?, ¿quién enarbola su legado? Sus restos, alojados en Montparnasse, tienen una centuria hechos polvo. Mausoleo del hombre y estadista decimonónico devorado por el siglo XX. Una tumba a la que los mexicanos no acuden a rendir homenajes o tributos. Sepultura del exilio.

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  1. jorge flores
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    Siendo asi hay que levantarles un monumento a:Hitler,Stalin,Castro, pues a pesar de la sangre derramada llevaron progreso y bienestar a sus respectivos pueblos pero sobre todo hay que declarar a Hitler padre de Israel,pues sin él o su contribución con sangre ,los judíos no tendrían patria o si?

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