Por Sikaan Orozco Ayala  |

En estas épocas, siempre se apetece un buen corte de carne, platillo popular y muy común en la alimentación de quienes tienen buen colmillo. ¿Qué pensarías si supieras que su producción es la causa de 80% de la contaminación del medio ambiente? ¿Sabías que genera más de 18% de los contaminantes, antes que los automóviles? Sorprendente, pero cierto.

 

Comer carne no es tan inocente como se cree, pues producirla requiere grandes cantidades de recursos. Según un reporte de la FAO, el ganado genera 18% de los gases culpables del calentamiento global: 9% de dióxido de carbono, 37% del metano (contenido en sus flatulencias), 65% de óxido nitroso (por su estiércol) y 64% del amoniaco, que contribuye de forma significativa a la lluvia ácida.

 

Cada recurso utilizado en la elaboración de la carne conlleva un elemento que aumenta la contaminación ambiental del planeta. Por ejemplo, uno de ellos es la ganadería necesaria para su producción; hoy día 30% de la superficie terrestre del planeta —en su mayor parte, pastizales— ocupa 33% de toda la superficie cultivable, destinada a producir forraje, cuya producción, al mismo tiempo, da pie a  la tala de bosques para crear pastos, una de las principales causas de la deforestación, en especial en Latinoamérica, donde 70% de los bosques desaparecidos en el Amazonas se ha destinado a pastizales. Cerca de 70% de las tierras de pastoreo en las zonas áridas está degradado.

 

El segundo recurso de suma importancia para la elaboración del producto es el agua, pues la producción del ganado utiliza 8% del total de agua que consume el hombre, gasto principalmente del riego de los cultivos forrajeros. Si bien no existen cifras mundiales, se estima que en Estados Unidos el ganado y la producción agrícola de forrajes consumen 37% de los plaguicidas, 50% de los antibióticos y producen una tercera parte del nitrógeno y el fósforo que contaminan el agua.

 

Por otro lado, el ganado contamina diez veces más agua en comparación con los humanos y tres veces más que la industria del aceite, carbón, acero y manufacturas combinada. El sobrepastoreo afecta al ciclo del agua e impide que se renueven los recursos hídricos tanto superficiales como subterráneos. Los principales agentes contaminantes son los desechos animales, los antibióticos y las hormonas, los productos químicos utilizados para teñir las pieles, los fertilizantes y pesticidas que se usan para fumigar los cultivos forrajeros.

 

Y como último punto —pero no menos importante— de esta devastación se encuentran los animales que viven en zona de amenaza, pues la lista de Conservation International nos habla de una grave pérdida de hábitat.

 

Nos hemos acostumbrado a ver la carne como un producto de consumo necesario, pues las industrias han intentado ocultar esta información; pensamos que sin ella no tendremos la energía necesaria para vivir y que debe ser un producto fijo en nuestro refrigerador. Sin embargo, vivir sin carne es posible y, de hecho, más saludable. Ser vegetariano tiene muchas ventajas, además de ser un modo de vida ecológico. Esta práctica te protege del cáncer, de enfermedades cardíacas y diabetes y, si eres de aquellos a quienes les gusta cuidar la figura, te apuesto que no existe ninguna dieta mejor para mantenerte en forma  y sano.

 

Estas razones son suficientes para pensar y crear conciencia respecto de nuestro medio ambiente: comer un pedazo de carne nos parece muy fácil, pero tiene  muchas consecuencias que podemos evitar, intentando cuidar nuestro planeta, nuestros recursos naturales y a nosotros mismos.

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