por Fernanda López Campos  |

 

No siempre nos detenemos a reflexionar en la disparidad que rodea a las maravillas del mundo contemporáneo. Existe una realidad muy diferente alrededor de una de las más ostentosas metrópolis del mundo. Ahí se levanta el Burj Al Arab como símbolo del poder económico, definitivamente un lujo para pocos, catalogado por expertos como el mejor hotel del mundo. Ofrece los servicios más exclusivos e impecables que nos podamos imaginar, y es que por 170 mil pesos semanales, resultaría absurdo no recibir el mejor trato existente; un mayordomo, bombones, dátiles y hasta un kit de productos Hermes para una bienvenida placentera.

 

El atractivo de este monumental lugar comienza desde la realización de una isla artificial especialmente para su construcción a 280 metros de la costa, seguido por su impactante arquitectura en forma de vela que puede ser admirada desde 1999 y por supuesto, no se deben dejar de mencionar los exclusivos Mercedes Benz, Rolls Royce y helicópteros privados para el traslado aeropuerto-hotel-aeropuerto.

 

Instalaciones sumamente impactantes, como el lobby más alto del mundo con 200 metros de altura, una cancha de tenis en medio de la nada, fuentes, tiendas y 202 suites, son algunas de las exclusividades que se encuentran en el interior de la Gran Vela y que se pueden conocer incluso sin estar hospedado… Pero esto también tiene un costo, que va desde los 750 pesos por persona si desean desayunar en el restaurante Sahn Eddar, o por aproximadamente  mil 600 pesos pueden obtener una mejor vista desde el Sky Bar a más de 200 metros de altura.

 

Una prueba de los lujos y la exclusividad del Emirato Árabe que hace 40 años era sólo un pedazo de desierto, es este maravilloso establecimiento, realidad de pocos y muestra de una diferencia exorbitante entre las posibilidades a las que tiene acceso la población promedio y las clases sociales más altas, que pueden llegar a pagar por unas lujosas vacaciones de 7 días, aproximadamente 2 496 salarios mínimos mexicanos, sin duda algo contrastante, pero ¿quién presta sus servicios para la construcción de esta deslumbrante ciudad sobre el Golfo Pérsico? Ese es el verdadero contraste que deseamos resaltar.

 

Esclavitud, explotación y pobreza extrema es lo que nos muestra el otro lado de la moneda de la puerta entre Oriente y Occidente, un lugar que pretende ser un paraíso a los ojos del mundo, a costa de una esclavitud moderna y estilos de vida inhumanos escondidos en Sonapur, una zona ubicada a las afueras de la capital, entre un panteón y un tiradero de basura que alberga a más de 150 mil trabajadores, únicamente del sexo masculino, que por 150 dólares al mes, han levantado decenas de impresionantes edificios que son reconocidos a nivel mundial.

 

Esta zona, que irónicamente es traducida como ciudad de oro y que ha sido testigo durante años de una infinidad de injusticias, ha presentado mejoras, pues tras una fuerte crítica y exposición por parte de Human Rights Watch del año 2006, se evitó que siguieran corriendo por las calles las aguas residuales y los campos de trabajo, como los habitantes llaman a estas zonas, fueron seleccionados para clausurar los que se encontraban en peor estado. Lo más impactante es que, después de la mejora, hoy en día duermen hasta 10 personas en habitaciones de 3×3 metros.

 

Reportajes, fotografías y relatos poco difundidos de trabajadores que han sido despojados de sus derechos e identidades muestran la vanidad y egoísmo que está oculto detrás de tan deslumbrante ciudad. Migrantes de países como India, Nepal, Bangladesh y Somalia llegan en busca de una mejor calidad de vida, con promesas de un sueldo digno y un empleo atractivo, pero lejos de conseguir esto son expuestos a largas jornadas de arduo trabajo bajo los exhaustivos y abrasadores rayos del sol, que en ocasiones superan los 40º centígrados.

Y claro, el sexo femenino también debe desempeñar su papel en esta moderna forma de esclavitud, normalmente en empleos domésticos que no sólo son mal pagados, si es que en algún momento llegan a ver su salario, sino que incluso son acosadas y maltratadas sexualmente. ¿En dónde quedan las leyes y derechos humanos? El Sistema de Protección de Salarios de los EAU, en 2009, implementó las nóminas electrónicas monitoreadas por las autoridades, que en teoría obligan a los empleadores a pagar un sueldo; sin embargo, los largos procesos legales siguen manteniendo en situaciones precarias a estas víctimas de la injusticia.

 

Olvidémonos de protestas, sindicatos, seguro social y pagos quincenales. Bajo el sistema llamado Kafala, las empresas decomisan los pasaportes para evitar que los trabajadores abandonen el proyecto; así muchos, en adversas situaciones de desesperación, deciden huir encontrándose en automático con un problema legal que los acompañará a partir de ese momento y no les permitirá conseguir un empleo digno, que como mencionamos arriba, es la razón por la que llegaron a este Emirato Árabe, que a pesar de ser una de las ciudades que recibe a las personas más ricas del mundo, es uno de los principales explotadores a nivel mundial.

 

Vistas paradisiacas, mayordomos, lujos exigentes y tecnología es lo que brilla en el Dubai que el mundo desea conocer, pero con tan sólo introducirse unos metros más, podemos encontrar que definitivamente, es un país lleno de contrastes y costosos lujos que no precisamente se cubren con dinero (sino con la libertad de miles de inocentes).

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