Por Lizette Pons |

El uso del idioma es un reflejo de nosotros, porque lengua y sociedad se estudian juntas; es decir, la manera en que hablamos y escribimos refleja nuestras interacciones, la educación que recibimos en casa y en la escuela.

El escribir transmite nuestra cultura y hace perdurar la información; nos ayuda a expresarnos y a redactar documentos necesarios como currículum vitae, solicitudes de empleo, ensayos, cartas poder, contratos, etcétera.

 

Norma y uso

Las normas son aquellas pautas que proponen los estudiosos de la lengua para mantener un buen español; contienen los empleos correctos de palabras y expresiones. El uso, como ha de suponerse, es la manera en que los hablantes utilizan su idioma, sea de manera correcta o incorrecta. El uso siempre terminará convirtiéndose en norma —lo que da al hablante aún más responsabilidad— y por ello vemos que la RAE adopta algunas palabras como güey, güisqui, jipi, almóndiga y bluyín.

Se piensa que para saber si una palabra (o su empleo) es correcta o no, acudimos a un diccionario o manual de escritura, pero ni todos los libros de gramática ni diccionarios podrán abarcar la inmensidad de una lengua a lo largo del tiempo y de las clases sociales, pues está en constante transformación. Además, la lengua escrita es diferente de la oral. Por eso, muchas veces lo que se dice no coincide exactamente con las definiciones establecidas.

 

Mala ortografía y educación

Sabiendo estos detalles sobre la complejidad de la lengua, sus relaciones y la importancia de su buen uso, indagaremos más sobre la ortografía de los mexicanos: la mala ortografía divierte, enoja, preocupa, ofende y pone en riesgo la credibilidad de quien la emplea. A veces no juzgamos a personas de bajos recursos, porque asumimos que carecieron de medios para estudiar, pero en el caso de aquellas que tuvieron la fortuna de asistir y de terminar la universidad, la ortografía se convierte en un reflejo de la calidad y del interés de su formación. Por ello, parece inconcebible que un médico, un abogado o un contador incurran en errores en su escritura y, lo que es peor, de inmediato dudamos de la calidad de su desempeño profesional.

En este punto, encontramos un círculo vicioso entre educadores y estudiantes; se sabe que en México la educación no está en su mejor momento y que muchos profesores de todos los niveles no tienen, necesariamente, un buen dominio de español. Es así que el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados (CESOP), por medio de Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE), informó que los niveles de dominio en español y matemáticas han disminuido y que son insuficientes o elementales en estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato. Y en 2013, el titular de la SEP, Emilio Chuayffet Chemor, indicó que de 112 millones de habitantes, 15 millones son analfabetas.

 

Nazis de la gramática

Pero ¿lo anterior es razón suficiente para justificar o satanizar la mala ortografía? Ángel Cervantes y Guillermo Hernández afirman en Saber escribir: “no es admisible en ningún caso el descuido en el empleo de la lengua. Su aprendizaje, por tanto, es imprescindible, y debe ser premiado por la sociedad el buen uso que de la lengua hagamos”. Asimismo, en Estados Unidos aparecieron los grammar nazis, o nazis de la gramática, que según Urban Dictionary es alguien que cree que es su deber intentar corregir cualquier error gramatical u ortográfico que vea. Pero, aunque creeríamos que estas personas tienen una ortografía ejemplar, no se les conoce por ser catedráticos; por el contrario, suelen tener faltas que ellos mismos no reconocen, pues no son tan obvias (el conocimiento del uso de mayúsculas, signos de puntuación, expresiones, por ejemplo, son de igual importancia).

Lo que es verdad es que todos deseamos corregir las faltas evidentes, y lo hacemos para mejorar el lenguaje; por ejemplo, dentro de los círculos familiares o cercanos decimos cosas como: “se dice fuiste, no fuistes”, pero hay que saber que todos tenemos vicios del lenguaje y faltas ortografía, sobre todo, si no se es lingüista.

La crítica a este tema aumentó en los medios electrónicos, donde se evidencian los conocimientos ortográficos de usuarios de todos los niveles sociales y económicos, a tal punto que se dispone de correctores automáticos; sin embargo, ni el mejor corrector puede ocultar los deslices gramaticales. Es necesario diferenciar las palabras parecidas que, según se use, son correctas. Por ejemplo:

Ósea: adjetivo relativo a los huesos. La médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra dentro de algunos huesos.

O sea: expresión para explicar lo dicho. O sea que estudiaste medicina.

Otras más serían: sino/si no, cayó/calló, sobre todo/sobretodo, entre muchas más.

 

Medios de comunicación y barbarismos

Los medios de comunicación interactúan diariamente con los hablantes, ponen de moda expresiones e influyen en el habla de la gente. Por alguna razón, tal vez porque se confía en la preparación de los profesionales que trabajan en los medios o por su falso prestigio, la gente aprende sus formas de expresión. La realidad es que la televisión y los medios electrónicos difunden, por medio de malas traducciones, programas, diálogos mal cuidados, gran cantidad de errores o barbarismos, que en muchas ocasiones la gente adopta en su vocabulario, tal es el caso del pleonasmo “mas sin encambio” o “mas sin embargo”. Es el mismo caso para publicaciones como revistas y periódicos, que aunque se dedican a los textos, éstos contienen errores garrafales, lo que apunta hacia otro problema de contaminación de la lengua: el “todologismo”: hoy en día parece que cada profesional necesita realizar más tareas de las que le corresponde para aumentar su competencia laboral; por ejemplo, un diseñador gráfico o una secretaria no tendrían por qué realizar traducción, corrección o revisión de textos, pero las solicitudes de empleo así lo solicitan.

Cabe mencionar que si bien el español correcto se encuentra en cada zona geográfica donde se utilice, no debemos imitar las convenciones de otros países como vídeo, de España o Argentina, por video de México.

 

¿Por qué es tan importante la ortografía?

A diferencia de la geografía o de la historia, que aunque su desconocimiento también refleja lagunas en nuestra educación, no se juzga de la misma manera, porque no las necesitamos como la lengua oral y escrita. La ortografía sirve para comunicarnos correctamente o para poder comprender un texto, sin embargo, estamos acostumbrados a leer interpretando lo que se quiere decir y que en muchos casos se confunde o no se comprende.

Entonces, ¿qué postura debemos tomar? ¿Debemos pasar por alto las faltas ortográficas o será mejor volvernos nazis de la gramática? Más bien al volvernos conscientes de la situación educativa en México y al  centrarnos en nuestra propia escritura, el resultado nos sorprenderá: la lengua es un sistema complejo que ofrece un vasto conocimiento.

Quienes marcan el futuro de la lengua son los hablantes; las academias y los estudiosos sólo pueden tratar de encaminarla para conservarla pura o, más bien, lo menos contaminada posible. Los usuarios tendrán la última palabra, literalmente, por lo que es responsabilidad de todos usar la lengua oral y escrita de la manera más correcta.

 

Para mayor información:

http://www.enlace.sep.gob.mx/

http://sipse.com/mexico/estudiantes-mexicanos-reprobados-en-espanol-y-matematicas-39511.html

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