Por Alfredo Ruiz |

Hay quienes ponen límites entre diferentes disciplinas artísticas y entre distintos medios. Los más conservadores siguen los cánones que restringen y quitan libertad al desarrollo de las artes. Pero hay otros más arriesgados que deciden romper de manera afortunada los límites entre algunas prácticas artísticas e incursionan en diferentes plataformas donde lo importante no es el soporte, sino la manera en la que se utiliza. Podemos apreciar esto último en un caso muy particular, el del cineasta y artista tailandés Apichatpong Weerasethakul. Este artista de origen tailandés ha sabido romper las limitantes que existen entre el mundo del cine y el mundo del arte a partir de intervenciones en los dos campos. El artista trabaja como director de cine y también como videoartista con instalaciones en galerías y museos de arte alrededor del mundo, con lo que muestra que es posible tener éxito en las dos caras de la moneda. En 1999, fundó Kick the Machine, una compañía que se dedica al fomento del cine experimental e independiente, fuera de la industria.

Como director de cine, ha logrado el reconocimiento del público y la crítica cinematográfica en numerosos festivales; como en el de Cannes, donde ganó la Palma de Oro por su película Uncle Boonmee who can recall his past lives y, en 2011, fue reconocido con el título Officiers de l’ordre des arts et des lettres en Francia.  Sus películas han sorprendido a numerosos críticos y teóricos del cine y han servido para dirigir la mirada hacia una parte del mundo poco conocida en cuanto a su industria cinematográfica, de donde han surgido una importante gama de directores que están logrando colarse en los festivales más importantes del mundo.

Joe, como lo llaman sus amigos, ha logrado incluirse también en la programación de importantes galerías y museos alrededor del mundo con exposiciones y trabajos para bienales y colaboraciones con otros artistas. Recientemente inauguró una exposición en la galería Kurimanzutto de la Ciudad de México, una de las más importantes y representativas del momento.

Su exposición en México titulada Fireworks consta de cinco videos y algunas fotografías que buscan reflexionar acerca de la memoria colectiva y la política en la región noreste de Tailandia. Como en toda su obra, el artista busca conectar, a partir de ciertos hilos conductores, toda su obra. Después de su exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), el artista regresa a México para hablar de sus raíces y sobre todo para mostrar al mundo la situación actual de su país y para hablar de la historia de esa zona del planeta a través de historias muy particulares y cercanas a su círculo. El artista trabaja de manera etnográfica logrando tener documentada una gran cantidad de información que logra sintetizar en obras que trascienden a su soporte (cine o video).

Su forma de trabajar y de crear va de la mano con la experiencia de vivir. Uno no puede programar las ideas y el momento en el que van a surgir. El director trabaja con ideas que llegan a un punto de madurez donde salen a la luz y necesitan ser expuestas. Dependiendo de las condiciones y los compromisos que tiene, el artista decide el soporte para esa idea.

Del mismo modo, sus trabajos logran evocar los sentidos y emociones humanas de manera sutil y de una forma incluso poética. Sus obras están cargadas de experimentación y de improvisación actoral, pero sin duda tienen un ritmo contemplativo que logra imprimir una emoción distinta en el espectador a cada minuto. Weerasethakul  es uno de los directores que abrió la ventana hacia una nueva forma de hacer cine, de crear y de vivir, como un mismo acto. Es, además, una de las personas más interesantes y enigmáticas de nuestros tiempos y uno de esos directores cuyos importantes trabajos no sólo hablarán desde la ficción, sino desde la parte documental de la vida humana y,  como él mismo menciona, en ocasiones, estas dos partes se combinan de tal modo que una cosa que puede parecernos ficción quizá sea más documental de lo que imaginamos.