Por Maritza García Montañez  |
Académica y responsable del tema “Bullying”,
Laboratorio de Neurociencias, Universidad Intercontinental, México.

 

Desde que, en los setenta, Heinemann puso atención en el maltrato que los alumnos se infligen entre sí en las escuelas, el estudio de la intimidación o maltrato entre pares empezó su desarrollo académico. Olweus fue el precursor del término “bullying”, por el cual se entiende el maltrato o intimidación de una persona o estudiante hacia otro u otros, con intención de lastimarlo de manera repetitiva (por lo menos, una vez a la semana) y con una diferencia en el poder real o ficticio entre quien ejerce y quien recibe el maltrato; aunque de forma coloquial son llamados “victimario” y “víctima”, es preferible no emplear esta denominación, pues hacerlo favorece que ambos se identifiquen con el calificativo, lo cual no ayuda a resolver el problema.

 

En México, se ha preferido traducir bullying como “maltrato o intimidación entre pares”, mientras que en algunos países se le llama “acoso escolar”, “violencia escolar”, “matoneo” o “maltrato entre iguales”. Sin embargo, en nuestra cultura,  la palabra “acoso” tiende de forma marcada hacia lo sexual ; “violencia” implica agresión física —el bullying es agresivo, mas no necesariamente con ataque físico—; “escolar” sugiere que la escuela es la que motiva el proceso —el bullying es un proceso con motivaciones psicodinámicas, familiares, psicosociales—; maltrato “entre iguales” tampoco describe con transparencia al bullying, pues elimina el desequilibrio en el poder; “matoneo”, por último, da la idea de muerte. Esto explica por qué la traducción “maltrato o intimidación entre pares” (MIEP o MEP) ha parecido la forma más precisa de describir el proceso.

 

El bullying se presenta desde el jardín de niños, hasta la universidad. De acuerdo con investigaciones, este comportamiento se aminora en la primaria y luego se refuerza en la secundaria o bachillerato. Hay que aclarar que, cuando el maltrato o acoso real se da en el ámbito laboral, recibe el nombre de mobbing.

 

Es muy probable que todos tengamos recuerdos de haber sido intimidados, maltratados o al menos vimos que maltrataban a alguien, ya sea durante nuestra época de estudiantes, en algún espacio cotidiano como el jardín de la unidad habitacional o en el deportivo en las clases de natación y gimnasia, por ejemplo. Esto significa que todos somos copartícipes o actores del bullying.

 

Las formas en las que se presenta el bullying son físicas —mordidas, empujones, golpes, zancadillas, jaloneos—; verbales —insultos, majaderías, sobrenombres groseros o humillantes, chismes— y relacionales o de ostracismo —excluir a alguien del grupo de compañeros o amigos—. Algunos autores agregan la forma sexual, que consiste en tocar irrespetuosamente a alguien o incurrir en francas conductas de agresión sexual; también incluyen el llamado “cyber bullying”, que implica el maltrato en la modalidad de chismorreo, difamación o amenazas por internet, por teléfonos celulares o móviles, mediante redes sociales como facebook o twitter, o bien por páginas, como “La Jaula” u otras.

 

El maltrato puede ser directo, es decir es abierto y se observa, como es el caso de los insultos, los golpes o el ostracismo; pero también puede ser indirecto o encubierto, pues no se ve tan fácilmente, como ocurre con los chismes, las difamaciones, los comentarios en internet o en redes sociales.

 

Cuando se habla de bullying, suele pensarse que el único que sufre es quien recibe el maltrato, pero este fenómeno produce sufrimiento en todos, tanto en quien ejerce como en quien observa la intimidación, y en todos los niveles: familiar, escolar y social.

 

Características de los actores

El bullying trae los siguientes sentimientos a quien recibe el maltrato: sufrimiento, humillación, ira, temor, inseguridad, dolor, ansiedad, angustia, estrés, enfermedad —real o ficticia, con tal de no asistir a donde se le lastima—, depresión, alteraciones en el sueño, la alimentación y las relaciones interpersonales, e incluso pensamientos suicidas o el mismo suicidio.

 

No obstante, quien ejerce el maltrato también experimenta fuertes emociones; sufre de ansiedad —por creerse malvado—, estrés, temor —real o imaginario— a ser rechazado, culpa leve o grave —aunque en casos de sociopatía o psicopatía no existe—, ira y soberbia.

 

En quien observa el maltrato se presenta la sensación de impotencia al ver lo injusto del maltrato; además, experimenta desesperanza, coraje, miedo a ser la siguiente víctima y enojo ante las autoridades que no actúan.
En cuanto al desempeño escolar, quien recibe el maltrato comienza a bajar su rendimiento e incluso puede dejar de asistir a la escuela si es ahí donde recibe la intimidación. Del otro lado, el aprovechamiento de quien ejerce el maltrato es, en general, bajo y se relaciona con una actitud de irrespeto general hacia los docentes y autoridades.

 

Factores de riesgo

Cualquier cosa basta para que el agresor lastime a alguien: ser débil psicológica o físicamente, tener una raza diferente, ponerse ansioso con facilidad, no saber defenderse ni verbal ni físicamente, tener un nombre raro, pertenecer a una minoría por color, religión, cultura, idiosincrasia; no ser popular, tener poca capacidad de socialización o gozar de excelente calificaciones y, a veces, simplemente estar  en el lugar equivocado cualquier día. Pero entre las características principales que atraen el maltrato están sobre todo, dejarse molestar, no saber poner límites, tomárselo todo personal, no tener buen sentido del humor, no saber “llevarse” con respeto, sin agresiones. En síntesis, puede ser cualquiera. Es frecuente que quienes reciben el maltrato lleguen a creer que lo merecen.

 

Las experiencias familiares son también factores de riesgo. Sentirse rechazado o marginado en su familia (padre, madre, abuelos, tíos) o medio ambiente (servidumbre) influye para recibir maltrato, mientras que un ambiente hosco y  padres o responsables de crianza agresivos, peleoneros contribuyen a la formación de aquel que maltrata.

 

Otros factores de riesgo para que se presente el bullying son los siguientes: los programas televisivos violentos que pueden verse en horarios infantiles; los videojuegos violentos —incluso hay uno que se llama Bullying y gana quien más maltrata—; noticias amarillistas que desbordan los procesos violentos; parentalidad autoritaria o deficiente; la pobreza; la pertenecia a zonas de pandillas; disponibilidad de armas o drogas, por citar algunos.

 

En resumen

El bullying es un proceso conductual que hace sufrir a todos, destruye en lugar de construir, rompe la armonía y no favorece la asertividad. Para resolver este problema, no basta tolerar; es necesario lidiar mostrar una actitud resiliente, fuerte. Además,  los padres deben estar atentos a si su hijo presenta síntomas de estar recibiendo maltrato o de estar ejerciéndolo u  observándolo.

 

Es esencial actuar ante el maltrato entre pares: ayudar a hacer consciente tanto a quien ejerce el maltrato como a quien recibe  la agresión;  a aquél por la agresión que ejerce y a éste por su personalidad y por no fijar límites —si es que sabe lo que eso significa y cómo hacerlo—. En cuanto al observador del maltrato, hay que ayudarlo para que intervenga objetiva y cuidadosamente, con responsabilidad y compasión.

 

Todos somos responsables de que este fenómeno continúe presentándose, todos debemos aprender a intervenir para resolverlo, todos debemos ocuparnos de prevenirlo. Por una sociedad libre de maltrato o intimidación entre pares, por una sociedad responsable donde los conflictos se resuelvan con asertividad y compasión, con objetividad y racionalidad. Por niños y adolescentes sanos, libres, asertivos, empáticos, felices.